La corrupción de los funcionarios públicos, independientemente del nivel de sus cargos, está siendo denunciada y perseguida a nivel mundial. Cada día nos enteramos de más casos y aperturas de juicios a corruptos acusados por este delito, donde se tipifica también o se incorpora el lavado de dinero y tráfico de influencias. La condena de personeros políticos en diferentes países, acusados y condenados por estos actos, cada día son más frecuentes, no escapándose expresidentes y presidentes en funciones.
Estos delitos representan verdaderos latrocinios en contra de los más sentidos intereses populares.
Cuando en los países se les incrimina y se les acusa de lavado de dinero, no se refieren solamente al narcotráfico, sino, también al lavado de terrenos, fincas, haciendas, edificios, casas y apartamentos, en fin, todo lo que son propiedades de bienes inmuebles en general, así como, la malversación del erario público, donde con frecuencia utilizan estos corruptos a testaferros o prestanombres para encubrir su verdadera identidad.
Resulta alentador que a nivel mundial se ha iniciado en muchos países, una persecución ejemplar en contra de funcionarios públicos acusados, llevando a muchos de ellos al banquillo de los acusados y hasta la cárcel, sin importar su alta, media o baja posición de gobierno.
Esta persecución pareciera ser implacable, al considerar que este delito es un delito de lesa patria, porque el dinero robado que no son centavos, pudieron ser utilizados en el desarrollo económico y social, así como en el combate a la pobreza en los diferentes países donde se presentan estos hechos delictivos, mediante obras de desarrollo en infraestructuras como carreteras, energía, hospitales y escuelas por nombrar algunas de las más necesarias, y además porque se dejan de construir también otras obras que son de interés social, como son la construcción de viviendas para tanta gente que carece de una vivienda digna, y que son muchos los ciudadanos en los diferentes países que aún siguen viviendo en casas de plástico y de cartón, pagando por la corrupción de estos políticos.
Es triste decirlo, pero a mayor pobreza mayor corrupción. En los países más desarrollados no es común la corrupción de los funcionarios, probablemente porque están conscientes que llegar a desempeñar un cargo público representa una oportunidad y un honor el poder servir a sus conciudadanos. Llegan a servir no ha servirse, y llegan a dar no ha recibir.
Por todo el daño causado al país y a su población, este delito que debe ser tipificado como un delito de lesa patria, debería legislarse para que los mismos no prescriban nunca.
La mega corrupción ha sido de tal magnitud, que ni la empresa privada y el deporte se ha escapado a estos atracos, a como hemos observado en el reciente escándalo de la FIFA.
Por supuesto que Nicaragua no escapa ni a los actos de corrupción ni al enriquecimiento ilícito; pero lo más grave es que nos estamos acostumbrando casi a verlos como normal y con frecuencia escuchamos algunas expresiones como “robó pero hizo” algunas obras, como si la construcción de obras de los gobernantes y funcionarios fuera una concesión graciosa que le hacen a la población, cuando es un deber y obligación del gobernante la construcción de obras de progreso e impulsar su desarrollo. De tal manera que no puede ser ni es aceptable hablando en buen nicaragüense, el slogan de “cachando y haciendo”.
La senda de la virtud es muy estrecha decía don Miguel de Cervantes, y el camino del vicio, ancho y espacioso, y es por ello que el hombre superior debe pensar siempre en la virtud, y el hombre vulgar en la comodidad, encontrando la virtud su recompensa en sí misma.
El autor es médico.