Las sorpresas en las campañas electorales son los factores que las hacen impredecibles. Lo ocurrido en los últimos días en la campaña republicana tiene enormes consecuencias para determinar el fin del drama. El pleito surgido entre los dos principales contendientes de ese partido por la nominación, Donald Trump y Ted Cruz, ha sido como un abismo que se abre y que bloquea una victoria de la tendencia más conservadora.
Todo empezó con la publicación de la foto desnuda de Melani, la bella esposa de Trump, publicada por un súper Pac en Utah (Conozcan a Melani Trump su próxima primera dama o pueden apoyar a Ted Cruz el martes) y la reacción de Trump amenazando con “spill de beans” (derramar los frijoles, desembuchar o decir algo) acerca de Heidi, la esposa de Ted Cruz, en National Enquirer, lo que Cruz calificó como “basura”.
Todo parece indicar que Trump no podrá reunir los votos necesarios para coronarse candidato, lo que según las reglas establecidas de antemano por el Partido Republicano haría que la convención en su segunda votación se convierta en una “Convención abierta”.
Eso quiere decir que los delegados a partir de la segunda votación están en la libertad de poder elegir a cualquier candidato, incluyendo a alguien que no haya competido en las actuales primarias. Esa es la oportunidad que se ha perdido, ya que si en ese momento Cruz hubiera unido sus votos a los de Trump el triunfo ultra conservador hubiera sido inevitable. Una candidatura de Cruz como vicepresidente, o una posible nominación a la Corte Suprema eran posibilidades que se podrían haber estado barajando, pero con este pleito (provocando intencionalmente) esa posibilidad ha desaparecido.
Ante tal escenario, la candidatura de Paul Davis Raya, actual presidente de la Cámara de Representantes, republicano por Wisconsin, es algo probable, teniendo como secuela dos cosas: Primero la división total del partido, ya que Trump según ya lo ha declarado no lo aceptaría. En segundo lugar: se confirmaría la teoría de que el stablismenth republicano preferiría entenderse con los Clinton —que son los representantes más genuinos que tiene Wall Street— antes de elegir a unos conservadores recalcitrantes como Trump o Ted Cruz, aun a costa de la derrota de su propio partido.
Mejor regalo no podía tener la señora Clinton. Su Eastern Bony (conejo de Pascua) vino cargado de un huevo que significa prácticamente la carretera abierta para la Casa Blanca. No debe de olvidarse que en esta elección no solo se juega la tercera parte del Senado sino también el total de la Cámara de Representantes.
Una victoria arrasadora demócrata (Sanders ha contribuido mucho a atraer el voto joven) con una presidencia de la señora Clinton al frente —quien además de su vasta experiencia contaría con toda la presencia de su marido Bil—, sería una presidencia sumamente fuerte y con mucha capacidad de maniobra.
Las tesis planteadas por Trump en su reciente larga entrevista en el New York Times, en temas como detener la compra de petróleo a Arabia Saudita y otros aliados hasta que no comprometan tropas en tierra en la lucha contra el Estado Islámico; la posibilidad de dejar que Japón y Corea del Sur construyan su propio arsenal nuclear y no dependan de los Estados Unidos (EE.UU.) para su propia defensa; o el juicio que tiene de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual la considera desfavorable para los propios intereses de los EE.UU. O los planteamientos del senador Bernie Sanders que incluyen una mayor presión a las grandes corporaciones para que paguen más impuestos, la subida real del salario mínimo o la ayuda sustancia para el pago de los préstamos de los estudiantes para sus estudios superiores, desaparecerían o quedarían en el olvido si el partido republicano se divide.
Si gente radical como Donald Trump o Ted Cruz son apartados de la competencia, y la señora Clinton fácilmente llegara a la Casa Blanca, el gran vencedor sería Wall Street; el gran triunfador sería el gran capital que hoy por hoy ya controla la mayoría de la riqueza del planeta.
Lo cual no nos debe de extrañar porque así camina el mundo, así camina, así se maneja.
El autor es abogado