Nicanatura, un negocio que quiere crecer. LAPRENSA / J. Torres

Si es nica, es bueno

Abraham Mora es un emprendedor que lucha por demostrar que las marcas nicas pueden superar a las extranjeras

Cuando Abraham Mora Largaespada concluyó su carrera de Administración de Empresas con un proyecto de comercialización de productos naturales empacados jamás imaginó que varios años después lo echaría a andar y lo convertiría en su sostén económico familiar.

En ese trabajo académico Abraham apostó por una marca donde se resaltara lo nicaragüense, por lo que fue duramente criticado por sus compañeros, quienes aseguraban que si en la marca aparecía algún término que desvelara que es un producto nicaragüense este no tendría éxito, por lo que le sugerían pensar en algo más anglosajón para atrapar a los consumidores. “Me decían si la marca estaba en inglés permitiría que la gente pensara que por estar en ese idioma tendrían calidad”, recuerda.

Pero Abraham desoyó a sus compañeros y se apropió de su marca: nicanatural. Un día junto con su esposa visitó un supermercado y mientras recorría los estantes le nació el deseo de comer semillas (maní, marañón, pasas, almendra, entre otros). Observó que había una gran variedad de marcas, en su mayoría extranjeras, cuyos precios eran inaccesibles. Por eso optó por tomar un paquetito nacional y cuando llegó a la caja su sorpresa fue que cuatro onzas de semillas valían 55 córdobas.

De inmediato le comentó a su esposa: “Mirá qué triste que no cualquier persona se puede comer una semilla, porque realmente es caro este producto, un nicaragüense común y corriente no podría pagarlo, preferiría llevar cinco libras de azúcar en lugar de estas semillitas”. Ella le respondió: “Bueno ya encontraste el problema y ahora buscale la solución”.

Fue así cuando comenzó a comprar materia prima, la empacó y la vendía entre sus amigos y hermanos de la iglesia. Abraham preparaba las mezclas de semillas y a medida que distribuía el producto consultaba cómo mejorar la presentación y calidad. Una vez que perfeccionó las mezclas, optó por colocar el producto en el cafetín de su iglesia, la que tiene una numerosa congregación. Su sorpresa fue que los paquetes se vendían rápidamente por el bajo precio y fue cuando se dio cuenta que podía dar otro salto: buscar nuevos compradores.

Este empresario no es un simple empacador de materia prima. Si el maní de su proveedor no trae el punto crujiente que requiere su producto, termina de tostarlo, afirma. En los últimos años ha elevado el control de calidad de la semilla, porque aunque el precio es más accesible la calidad es lo que le ha garantizado el crecimiento.

“Nosotros vendemos cuatro onzas de semilla por la mitad o casi el sesenta por ciento menos del precio en que lo vende la competencia. Cuando el cliente prueba nuestros productos se da cuenta que es barato, no por la baja calidad, porque nuestro producto es fresco”, sostiene.

La expansión de su pequeño negocio se refleja en que cuando comenzó a vender su producto solo se comercializaba en un local y ahora está en más de 34 puntos de venta: en gimnasios, en toda la red de bebidas Siembras & Cosechas, centros de copias y algunas escuelas. “Es un producto fresco, no empacamos veinte mil bolsas y las tenemos ahí empacadas”, sostiene. Además elevó la venta de las diez libras semanales de sus inicios, a hasta cien libras.

LO DIFÍCIL

Entrar en sus puntos de venta, sin embargo, no ha sido fácil. Visita los gimnasios o locales donde le interesa introducir su producto, deja las muestras y a veces estas no llegan a los dueños de los negocios, cuenta sonriente. “Pero he perseverado y a veces toca esperar al dueño de ese local por horas, hasta que los contactamos”, dice.

Pero lo más difícil para Abraham es convencer a los consumidores que el producto nicaragüense es de calidad y puede llegar incluso a superar a la competencia. “Es duro ganar credibilidad, es difícil convencer a la gente de que te dé la oportunidad de venderle la idea, de que te compre el producto porque es una marca nicaragüense y generalmente piensan que cuando una marca lleva la palabra nica dicen que es malo el producto. Romper este paradigma es duro”, afirma.

DIVERSIFICACIÓN

Por ahora el negocio está en manos de su sobrina, él y su esposa. Y ahora están en proceso de elaborar barras energéticas: son mezclas de semilla de linaza, ajonjolí con miel y los otros comestibles. Lo importante, según Abraham, es que el consumo de semilla en Nicaragua está en crecimiento y tiene mercado, porque hay más personas interesadas en cuidar su salud.

El tener la licencia sanitaria y estar registrado legalmente es lo que le ha permitido, dice, comenzar con el pie derecho y está en proceso de remodelar un local más grande donde esperan expandirse con más fuerza. En el nuevo local, que estará en Reparto San Juan, tendrán oficinas, salón para los nuevos trabajadores que contratarán, zona de empaque, atención al cliente, entre otros. Por ahora están en una bodega familiar.

Desde el nuevo local, según Abraham, esperan entrar a tiendas de conveniencia de 24 horas, supermercados, todos los gimnasios del país, pero sobre todo en las escuelas aprovechando que ahora por ley se prohíbe vender productos chatarra. Quieren entrar a las escuelas con semillas envueltas en chocolate.

Para este empresario, la perseverancia es lo que le ha garantizado mantenerse en el mercado desde hace cuatro años. Abraham se considera exitoso. “Éxito no es tener plata, éxito es hacer lo que a uno le gusta y a mí me gusta lo que estoy haciendo con mi negocio y mis planes es seguir creciendo”, concluye.

Contacto
Propietario: Abraham Mora.
Teléfono: 86730745/82401930.
Dirección: Barrio San Cristóbal, de la Iglesia católica, media cuadra al oeste.
Correo electrónico:
[email protected]

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