La Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, ARCO, abrió hoy oficialmente su 35 edición, con una mirada puesta en Latinoamérica y otra en los artistas emergentes, a través del programa «Opening».
Mientras en una zona de ARCO los reyes de España se encargaban de la inauguración oficial, el arte más rompedor se concentraba en el área dedicado a «Opening», donde participan dieciocho galerías con menos de siete años de vida y procedentes de once países de América y Europa.
Son la «cantera» de ARCO, una sección comisariada por Chris Sharp y Juan Canela, que pretende ser un espacio de descubrimiento en el que se da voz a las galerías más jóvenes, que pueden participar durante dos años, y que, previsiblemente, se integrarán después en el programa general de la feria.

«La idea es que sea un puente entre la feria y las galerías que están comenzando, una puerta de entrada. Además, queremos darle sentido curatorial por lo que tienen que acudir con uno o dos artistas. Esto permite conocer mejor a estos artistas y hacer la visita más fácil y agradable», comentó a Efe Canela.
De las 18 participantes, hay tres españolas, siete europeas, dos estadounidenses y seis latinoamericanas. Todas ellas trabajan en los límites de lo pictórico, como ocurre en el caso de la puertorriqueña Agustina Ferreyra que muestra las obras de Irma lvarez-Laviana y Adriana Minoliti.


La galería de Ferreyra ha sido galardonada en esta edición con el Premio Opening, que reconoce al mejor puesto de este programa y que consiste en la devolución del precio pagado por su espacio en ARCO.
Mientras, la argentina Adriana Minoliti muestra coloridas pinturas en las que propone una reflexión sobre el canon arquitectónico de Le Corbusier «basado en el hombre, heterosexual, europeo y de los años cincuenta y deja fuera de órbita a las mujeres, que no responden a esa característica».
«Plantea también como la arquitectura la encajan en el perfil del hombre y la decoración en el de la mujer», explicó el comisario.
Además de las propuestas sobre la pintura, en Opening se contemplan planteamientos en torno «a las materialidades en lo escultórico», como es el caso de los trozos de cables de comunicación encapsulados de la sueca Nina Canell que se muestran en la galería berlinesa de Daniel Marzona.

La puertorriqueña Roberto Paradise muestra dos propuestas interesantes.
Por una parte la del puertorriqueño José Luis Vargas, del que se puede contemplar «El museo de historia sobrenatural», una gran lona de circo sobre la que ha pintado su museo de ciencia ficción en el que utiliza elementos icónicos suyos, como la imagen de una niña que representa la hermana que nunca tuvo porque su madre sufrió un aborto.
La otra propuesta son las obras realizadas en crochet por Caroline Wells Chandler, artista neoyorquina que se encuentra en un proceso de transgénero de mujer a hombre. En sus obras utiliza un método tan tradicional como el crochet para mostrar elementos con los que rompe con la tradición.
Desde su creación, Opening es uno de los espacio más visitados por el público. «En esta sección hay modelos de galerías muy distintos, se repiensa en el rol de las galerías en siglo XXI».
Es un espacio muy representativo «que da posibilidades de ver y conocer distintos formatos de lo que puede ser una galería hoy y en el futuro. Creo que es un momento de reflexión para ello».
Como ejemplo, el comisario ha puesto el caso de Proyectos Ultravioleta, de Guatemala, «que es más que una galería».

Stefan Benchoam, uno de los responsables del espacio, explicó a Efe que nacieron en 2009 para cubrir una laguna.

«No había espacios para artistas que generaran conversación con la sociedad civil y decidimos hacerlo nosotros».
Acudiendo a las ferias, para conseguir recursos, representan a quince artistas de diferentes países y en la actualidad ocupan en Guatemala un espacio que se encuentra en un antiguo aserradero en el que hacen exposiciones, conciertos, fiestas, proyecciones y otro tipo de actividades «llenando así el vacío cultural que existe».
Mientras, los reyes continuaban su visita oficial y al pasar por la galería Leandro Navarro, les llamó la atención el cuadro del uruguayo Joaquín Torres-García «Constructivo en cinco tonos» (subtitulado «Homo sapiens»), fechado en 1945.

Con esta obra polícroma, uno de los máximos representantes del «noucentisme» catalán y posterior creador del Universalismo Constructivo quiso protestar, solo días después de su lanzamiento en agosto de 1945, contra las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Un emblemático cuadro valorado en 550.000 dólares.







