Los buenos modales son siempre muy bien vistos por la sociedad en general, sobre todo cuando son practicados por niños, adolescentes y jóvenes en etapa de formación.
Desde tiempos inmemoriales, las buenas costumbres y sobre todo los buenos modales han sido transmitidos de generación en generación y apuntalados por la práctica cotidiana en cada hogar.
“Buenos días”, “Buenas tardes”, “Buenas noches”, “Gracias”, “Por favor”, “Con permiso” son frases cortas, pero que expresadas en el momento preciso causan muy buena impresión y deja entrever que quienes la formulan reciben una instrucción básica de modal y civismo.
Evidencia inequívoca de que provienen de un hogar estable, con claro conocimiento sobre la formación de los menores y que entregarán a la sociedad jóvenes bien educados y entrenados para convivir con todo tipo de personas.
Lamentablemente cada vez son más raras estas costumbres y observamos que una gran cantidad de niños, adolescentes y jóvenes todavía en etapa de formación no tienen el hábito de saludar a las personas mayores, ni ordenar sus habitaciones, ni conservar modales en la mesa, ni mucho menos practicar una actitud de respeto y de apoyo a los ancianos cuando estos conviven en sus casas.
Con el paso del tiempo y producto de la carestía de la vida, insuficiencia del padre de familia para cubrir todas las necesidades del hogar, las madres se han visto obligadas a salir de su hogar y complementar con su trabajo el ingreso familiar que permita sobrellevar todos los gastos que se generan, lo cual ha debilitado la disciplina diaria y constante y sin un control riguroso, pero con amor estas costumbres se han venido perdiendo.