José A. Peraza C.

Sandino: niñez, mujeres, dinero y muerte

Sandino dejó de ser real para convertirse en un mito. Mucho de lo que he leído sobre él, en los textos históricos, no se ajusta al mito. No toda la verdad fue escrita, pero prefiero los textos existentes, que al mito. Para escribir este artículo escogí episodios de su vida que son de mi interés. No pretendo ir más allá de lo que se dijo de él.

Nació entre privaciones. Como le dijo a José Román “mi padre, después de venido yo al mundo, se olvidó de la que había sido la madre de su primer hijo, porque era una peona campesina y se casó con doña América Tiffer, una burguesoide provinciana”. Abrió “los ojos en la miseria” sin los “menesteres más esenciales para un niño” abandonado.

Le dolía que su madre quedara embarazada frecuentemente, no solo por el estigma social, sino porque agravaba su situación económica. Consciente de “la gran tragedia de mi vida que roía lo más íntimo de mis entrañas con la realidad de la miseria…” Nunca contó con su padre y más bien ayudaba a su madre. Se valió de fuerza para sobrevivir, “seguí mi lucha con la vida. Solo, cuerpo a cuerpo. Dándome cuenta que mi madre andaba lejos con una sarta de hijos y mi padre por otro lado casado con una mujer que no podía verme”.

A su regreso a Nicaragua no se contacta con su madre ni con su antigua novia. Pasó a Las Segovias y después al Caribe para unirse a la Revolución Constitucionalista. En San Rafael del Norte se casa con Blanca Aráuz pero ella permaneció junto a sus padres cuando él partió a la lucha.

No obstante, su gran amor fue la salvadoreña Teresa Villatoro. Hermosa, pelo castaño y tez blanca con poca sangre indígena. Gregorio Gilbert, en su libro Junto a Sandino, reportó que era una mujer segura y más madura que Blanca. Acompañó a Sandino a México y tenía una cicatriz en la frente producto del bombardeo a El Chipote. “Sandino la amaba realmente a ella, y solo se había casado con Blanca para guardar las apariencias con la familia de esta y de los vecinos de San Rafael”.

Hay un incidente que muestra la apasionada relación entre ambos. Sandino la encontró conversando con un hombre, cegado por los celos la maldijo y martilló sobre ella su revólver calibre 44 tres veces, pero el revólver no disparó. “Al fallar el revólver Sandino reaccionó y arrepentido se reconcilió con Teresa y para comprobar si su revólver era malo, volvió a martillarlo y con los mismo seis cartuchos mancados y todos estos detonaron…”

No le gustaban las mujeres de la zona, se lo manifestó a José Román. “Quiero serle muy franco en cuanto a mujeres, ¡claro que me gustan! Pero no me apetecen estas zambas y muchos menos las prostitutas; por eso me traje a Teresa, pero en cuanto pudo venir mi mujer, la despaché”.

En diciembre de 1929, el The New York Times informó y después fue reconfirmado por el diario La Correspondencia Internacional en enero de 1930 que los comunistas consideraban a Sandino traidor. Titularon un escrito: “Sandino se pasa al campo imperialista”. Y continuaron, “Sandino, el antiguo dirigente de los insurgentes de Nicaragua, que ha dirigido la lucha contra la intervención militar de Estados Unidos, se ha dejado comprar por 60,000 dólares” (Rodolfo Cerdas).

En febrero de 1930, Farabundo Martí escribió que Sandino “había traicionado al movimiento antimperialista mundial, para convertirse en un caudillo pequeño-burgués, liberal, que deseaba gobernar a Nicaragua en el marco de las estructuras semifeudales y coloniales” (Wunderiche). Pese a lo anterior, Martí antes de ser fusilado en enero de 1932 declaró: “Doy testimonio de la entereza moral, de la pureza absoluta del General Sandino. Me consta que en México recibió ofertas repetidas de considerables sumas de dinero con tal de que abandonara la lucha en Las Segovias, y que esas ofertas fueron rechazadas por el General con la más noble indignación… Tengo interés que se aclaren estos puntos, para establecer la verdad histórica…”

Bajaba Sandino de Tiscapa de entrevistarse con el presidente Sacasa, cuando su carro fue detenido. Iba acompañado por Sofonías Salvatierra, Gregorio Sandino, y los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. Ambos generales quisieron disparar pero Sandino se los impidió. Cuenta Abelardo Cuadra que les dijo: “¡Un momento muchachos, ¿Qué pasa?!” La Guardia los detuvo y fueron ingresados en la prisión de El Hormiguero. “Sandino que iba y venía en marcha y contra marcha en un espacio de cuatro varas, pedía explicaciones; tenía los brazos cruzados sobre el pecho y se mostraba irritado”.

Cuando fueron trasladados para asesinarlos, cuenta el sargento Rigoberto Somarriba: “Pude distinguir que llevaba hechas las cruces con ambas manos, pero no rezaba; o si lo hizo fue solo un Padre Nuestro, pues todo el tiempo se dedicó a observarnos a todos, pero de un modo extraño… cuando me llegó a mí, sentí que su mirada penetraba hasta adentro. Entonces me pareció que Sandino era un hombre raro”. Ya ante el patíbulo, Sandino solo atinó a decir: “¡Jodido, mis líderes políticos me embrocaron!” y se sentó con los suyos.

El subteniente Carlos Eddy Monterrey fue el primero en disparar sobre Sandino. Las balas impactaron sobre la tetilla derecha, sien izquierda, en el plexo y ombligo. “Se sacudió y emitió un rugido sordo”. Junto a Sandino murieron sus dos generales. Estrada, a quien nunca se le achacó ningún acto de crueldad. Contrario a “Umanzor, con su cara de perro bravo, audaz entre los audaces, analfabeto quizás, pero maestro en las guerrillas, cruel, muy cruel. Él fue el primero quien jugó con dados hechos de las mandíbulas de los marinos americanos muertos en emboscada”.

Para concluir, comparto la impresión que causó Sandino al presidente mexicano Portes Gil: “Era un hombre todo energía; todo valor, todo desinterés. Pequeño y raquítico de cuerpo, pero grande de espíritu; sus sueños eran amplios como los de todo visionario… Quería redimir a su patria… demostró, con el sacrificio de cinco años de lucha cruenta, que su ideal era sincero, noble, generoso en grado sumo. Cuando cayó, acribillado por las balas, quedó definitivamente consagrado por la historia, como un patriota sin tacha, que ofrendó su vida en aras de un pueblo que, para su desventura, no supo comprenderlo”.

El autor es politólogo.

Opinión Sandino archivo
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