Julio Juárez, Sergio Lacayo, Antonio Chévez, Porfirio Altamirano y Julio Espinoza eran los nombres de mayor impacto en el beisbol nacional en los años setenta. Había otros destacados lanzadores, pero ellos eran los legítimos “ases” del montículo.
En las siguientes décadas vino el brillo de Julio Moya, Adolfo Álvarez, Diego Raudez, Barney Baltodano, Epifanio Pérez, Asdrudes Flores y Martín Bojorge, para luego dar paso a Diego Sandino y Julio Raudez, entre otros.
Sin embargo, desde el impacto de Álvaro López en el 2012, cuando terminó con 18-0 y 1.34 en 147.2 innings, la corona de mejor lanzador de la liga ha pasado de una cabeza a otra, tanto así, que no hay certeza de quién podría ser el “as” del Pomares que está por arrancar.
Uno de los primeros nombres que viene a la mente es Elvin Orozco, quien cerró con 9-0 y 1.73 el año pasado, con 84 ponches en 67.2 episodios. Un año antes (2014) había tenido con 9-4 y 2.28, más 128 ponches en 114.2 innings, a 10.04 ponches por juego, lo cual constituye la mejor frecuencia en la pelota pinolera.
Pero Orozco no iniciará la temporada con Matagalpa y entonces quizá habría que ver hacia Junior Téllez, quien tuvo 11-3 y 2.83 el año pasado y 14-2 y 1.86 en 2014. Aún es joven y ha sido consistente y con la Costa Caribe tendrá un gran respaldo ofensivo.
No obstante no se puede dejar de mirar a Samuel Estrada, el derecho de mecánica poco ortodoxa de los Dantos, quien acumuló 12-2 y 2.05 en el Pomares pasado y viene de ganar cinco juegos en la Liga Profesional. Ambas cifras fueron lo máximo en cada torneo.
Hay brazos como los de Gustavo Martínez, Jorge Bucardo y Jonathan Loáisiga de los Dantos, Elías Villegas y José David Rugama de los Toros, y Róger Martín del Bóer, pero no hay que perder de vista a Estrada, quien ha probado ser muy hábil desde la colina.