LA PRENSA/AGENCIAS

Hasta que la infidelidad nos separe

Este proceso abre la caja de las emociones, y las reacciones, cuando el hecho es incontestable, son muy variadas: culpa, revancha, espionaje, incredulidad y sobre todo miles de preguntas

El plato de la infidelidad está servido si nos invade la insatisfacción sexual y vital, la monotonía y la rutina, y el deseo de sentirse de nuevo amado y valorado. Causa determinante de separación de las parejas, la infidelidad no se tolera, pero se practica y las redes sociales han venido a facilitarle la vida.

Es por lo anterior que se dice que internet facilita la infidelidad, sobre todo la infidelidad más sexual, la menos romántica, explicó a EFE el psicólogo Miguel Hierro Requena, quien considera que la infidelidad sexual, la “cana al aire” de toda la vida, se sigue dando más entre los hombres: “En estudios anónimos y voluntarios sobre la experiencia de pareja, aproximadamente en torno a dos tercios de los hombres y la mitad de las mujeres reconocían haber sido infieles”.

Según Requena, en la mayoría de las parejas cuando hay infidelidad hay separación, aunque la infidelidad no siempre se descubre.

LAS SEÑALES

Un uso extraño del celular, no dejarlo a la vista, no cogerlo cuando suena, alejarse para hablar. Ducharse nada más llegar a casa, cambios de humor, exceso de verborrea, horas extras de trabajo, el uso en solitario y durante mucho tiempo del ordenador, son algunas de las señales que, según los afectados, levantaron sus sospechas de infidelidad.

Cuando se comprueba la infidelidad se suele vivir como una traición, un desgarro emocional y hay que pasar un proceso de duelo.

La infidelidad, explica Requena, implica que la persona engañada tiene que modificar la imagen que tenía de su pareja, de su vida con ella, y de sí misma incluso, el ser consciente de que te han engañado marca un hito en la propia imagen. El duelo consiste en “reajustarse, aprender a vivir como separado/a y engañado/a, y se pasa por una serie de fases: negación, enfado, esperanza. Si se superan todas se llega a la aceptación de la nueva realidad”.

LA VÍCTIMA

Alicia, nombre ficticio de una mujer con dos hijos que se divorció hace dos años y que ya ha superado los 40, ha accedido a contarnos su experiencia: “… yo siempre había sido partidaria de las parejas abiertas, pero cuando me casé con un hombre católico y sentimental y me dijo que quería una pareja tradicional, pues renuncié”.

“Eso no quiere decir que durante mis 20 años largos de matrimonio no haya sentido atracción por otros señores, innumerables veces, pero has comprometido tu palabra y la cumples. Al cabo de muchos años de matrimonio no vives la ruptura, como el fin del amor, yo por lo menos no. Cuando él me pide el divorcio, lo primero que le pregunto es si hay otra y me lo niega y le creo, y al insistir entonces le echa la culpa a mi mal carácter, actitud y aptitud como madre, mujer … cuando además años antes dejé el trabajo de mi vida por criar a mis hijos”, continúa el relato.

“Cuando empiezas a recibir toneladas de porquería, comienzas a culparte, sientes que eres un fracaso como mujer, profesional y madre. Te dan ganas de desaparecer, pero cuando descubres que hay otra entonces te dices: estos son los cuernos de toda la vida, y empiezas a luchar por mantener a tus hijos, tu vida y quedarte en la casa, que es lo que él pretendía. Esa era su estratagema, echarme de casa y meter a la otra”.

LA EDAD DE ORO

Los 40, unos años arriba o abajo, se convierte en la Edad de Oro de la infidelidad, las personas están en el ecuador de sus vidas y el deseo de cambiar sus rutinas se hace más fuerte, pero ello no quiere decir que no se cometan infidelidades a cualquier edad.

Según el sociólogo Luis Ayuso, coautor de Los españoles y la sexualidad en el siglo XXI, efectivamente a partir de esa edad aumentan los factores de riesgo .

También vivir en las grandes ciudades, apunta este investigador a EFE, es otro factor a tener en cuenta. Las grandes ciudades , explica, proporcionan mayor anonimato y un mercado potencialmente mayor.Y el que ha sido infiel una vez, tiene más probabilidades de repetir.

En este perfil se incluye también a las personas con mayor nivel educativo, trabajo y red de relaciones.
Pero la tradición cultural católica de la que provenimos sigue influyendo mucho, según Ayuso, y la infidelidad es igual a la traición. “De hecho los jóvenes también le dan mucha importancia , aunque cada vez seamos una sociedad más secularizada”.

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