Llorar, como reír, es una expresión emocional y tiene un valor importante tanto para la comunicación, porque decimos al mundo cómo nos sentimos; como para la salud, pues con el llanto expresamos una emoción cuando la opción de no hacerlo no sería saludable.
“El llanto puede ser terapéutico porque alivia tensiones y también porque puede aumentar el apoyo social al despertar empatía”, explica Antonio Cano, psicólogo y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
Llorar puede ayudar a gestionar emociones, tanto es así que a veces aunque no queramos no podemos evitar el llanto, pues “la expresión emocional está por encima de la voluntad”, señala el especialista.
Esto se debe a que “tenemos dos partes diferenciadas en nuestro cerebro, una parte prefrontal”, donde tenemos las funciones ejecutivas y donde reside la voluntad, valoramos la realidad y tomamos decisiones; “y una parte muy automática e involuntaria, muy poco consciente que regula una parte de las emociones, la amígdala”.
Así, cuando surge un peligro lo primero que se activa es la amígdala, no la corteza prefrontal, y antes de que decidamos si estamos o no en riesgo ya estamos reaccionando emocionalmente porque es una vía más rápida para salvarnos.