Si existe un pelotero que pueda jactarse de exitoso en Nicaragua es Wuilliams Vásquez. Antes de esta temporada con el venezolano se podía asegurar que a partir de su convicción se elaboraba la personalidad del equipo, siempre fulgurante, guerrero en cada lanzamiento y tapando cualquier hueco del terreno con su guante.
Vásquez se convirtió en la figura de la serie final hasta ser seleccionado como el Jugador Más Valioso, gracias a la confianza que se ganó con el mentor Germán Mesa. Wuilliams pasó de un mundo en blanco y negro, caído como si hubiera olvidado su solidez ofensiva en la temporada regular y etapa de semifinal, a la explosión monumental, cuando el equipo buscaba un símbolo donde reclinarse.
Hubo un pensamiento de desconcierto al ver a un Vásquez batallando por mantenerse en la alineación, en la temporada surgía la incógnita de qué estaba ocurriendo, ¿cómo es posible que un hombre de tres temporadas sobre los 300 puntos, con 23 jonrones en esta liga, terminara con .258 y luchando por sobrevivir?
No había una explicación bien soportada, pero Vásquez reveló que jugó en la temporada regular no enfocado en cada picheo de los lanzadores ni pensando en cómo cazar las píldoras rivales, sino en estar de pie, batallar contra su propio cuerpo, con algo llamado lesiones.
“En la temporada regular estuve lesionado, en total fue mes y medio y eso pesó en mi rendimiento, le agradezco al mánager por su paciencia y sobre todo a Dios porque me recupera justamente para la etapa más importante como eran las semifinales y final”, explicó el MVP que tiene 33 años.
“En Nicaragua ya lo he conseguido todo y me siento orgulloso por eso, gané con el Chinandega fui campeón de bateo y ahora repito con los Gigantes de Rivas. Siempre digo que no busco los jonrones sino las buenas conexiones, aunque tengo un niño de cuatro meses que no me deja dormir”, dijo entre risas el pelotero.