Rubén Darío. LA PRENSA/ARCHIVO

Hitos de enero en nuestra cultura

El mes de enero es pródigo en acontecimientos de impronta cultural que conviene recordar de vez en cuando para que la identidad, ese patrimonio intangible del ser como sujeto activo de la Historia, no se diluya por las prisas y los afanes de lo cotidiano ni por los prestidigitadores de la desmemoria. Como esos vientos […]

El mes de enero es pródigo en acontecimientos de impronta cultural que conviene recordar de vez en cuando para que la identidad, ese patrimonio intangible del ser como sujeto activo de la Historia, no se diluya por las prisas y los afanes de lo cotidiano ni por los prestidigitadores de la desmemoria.

Como esos vientos que se levantan de improviso, con frecuencia acompañados del tierral, así la brisa de nuestros próceres se levanta en enero, sacudiéndose el polvo de la mediocridad.
En un lejano enero nació Rubén Darío, un revolucionario del verbo castellano, que asombraría al mundo con su canto de cisne vehemente y que constituye la primera pieza de nuestra nacionalidad.

En un más cercano enero, Sandino, el otro pilar sobre el que descansa nuestro orgullo y nuestra dignidad, proclamó la República de Nueva Segovia.

También en este mes nace en 1925 Ernesto Cardenal, un poeta novísimo, rompedor con los ritmos del vate de Metapa, pero que comparte con este una vocación común: ser, más que embajador, heraldo de la nicaraguanidad en el planeta.

En enero de 1947 moriría el poeta Joaquín Pasos, encuadrado en un movimiento vanguardista político-literario lleno de luces y sombras, al que en lo emocional tengo que rescatar por ese acendrado hispanismo que comparto, aunque algunos prefiramos llamarlo mestizaje.

Es también en enero cuando mi santo particular, con quien solo comparto año de nacimiento —tal es su altura—, muere combatiendo en la flor de la edad por una Nicaragua libre. Añádase que se trata un poeta promisorio y tendremos el retrato inolvidable de Leonel Rugama.

Unos años más tarde, por el delito de lesa dignidad y en la misma línea de lucha contra el oprobio del mártir de Estelí, asesinan en enero a quien encarna al periodista nicaragüense por antonomasia y abanderado de las libertades públicas: Pedro Joaquín Chamorro. Él será, con su sacrificio, quien redima a los masacrados el 22 de enero y acelere la caída del tirano.

Para finalizar, y a riesgo de dejar en el tintero otras efemérides, fruto de mi bisoñez y falta de rigor, es en enero de 1989, cuando el maestro de generaciones y batallador incansable por la democracia, doctor Carlos Tünnermann, publica un ensayo fundamental para ahondar en los orígenes de nuestra identidad: “Darío y Sandino: raíces de nuestra nacionalidad”.

Estas viejas noticias para refrescar la nueva memoria vienen a cuento del Día Nacional de la Educación, que es el 11 de enero. Entre las carencias que sufre nuestro sistema educativo y por ende las nuevas generaciones, se encuentra el desconocimiento de la historia del país y de quienes han forjado su devenir. Aunque es más que improbable que estas líneas puedan llegar a una juventud que sistemáticamente ya no lee, me cuesta renunciar a la esperanza.

Cultura Darío Poesía archivo

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