El diamante es su manicomio, los gritos de los fanáticos su alimento. Él vive el juego del beisbol como nadie más. Es protagonista, es locuaz, muchos le dicen “El Loco”, pero la verdad es que cualquier equipo del país desearía tenerlo. Ramón Flores se ha convertido en el jugador más integral deportivamente, y fue el arma secreta en el fondo de la alineación con un bateo de .529 con siete empujadas, para encarrilar a los Gigantes de Rivas a la serie final.
El estadio está rugiendo. No hay espacio para otra alma, Chinandega coloca en el box a Wilton López, el Big Leaguer, pero toma turno Flores, se supone que un noveno en la alineación es el de menor calidad, todos los anteriores tienen más probabilidades de convertirse en héroes, todos piden la cabeza del cuarto o tercer bate si falla, ¿pero del último? Por eso está ahí, porque hay ocho jugadores antes que deben responder. El noveno bate es considerado cara o cruz, no obstante con Flores es distinto.
“Cuando estoy bateando todo es diferente, siento que todo se resume a los segundos que dura el momento. Me siento parte del beisbol, no tengo secretos, el beisbol es mi oxígeno”, relata Flores, mientras sonríe y habla con una pasión solo vista en él cuando el umpire canta el “Play Ball”.
En el equipo todos quieren a “Moncho”, sus latidos mantienen a la expectativa a todos sus integrantes de los Gigantes y los fanáticos siempre están pendientes de su próxima locura.
Flores tiene 29 años, nació en Nueva Segovia y su ídolo es su papá, quien tiene el mismo nombre. Inició a jugar en Mozonte, en su ciudad natal, empezó en Ligas Campesinas y oía en la radio partidos de primera división y siempre tenía la nostalgia de pertenecer a ese nivel. Flores asegura que cometió un error cuando se vino de los Estados Unidos, siendo firmado, pero no duda en culparse. “Era inmaduro, me gustaría tener el chance hoy cuando me siento mejor evolucionado y con mis pies en la tierra”.
“No olvido aquel momento cuando el scout Marvin Throneberry me dijo que yo solamente valía 5,000 dólares. Yo venía de quemar la liga con la Costa Caribe, pero en el último partido de esa campaña, Eugenia Fornos consiguió que scout de afuera me vinieran a ver. Ese día me fui de 4-3, dos triples y un doble. Cuando terminó el partido el scout de los Bravos se bajó, me golpeó en la espalda y me dijo ‘bienvenido a los Bravos de Atlanta”, rememora “Moncho”, quien recibió 42,000 dólares por firmar antes de cumplir 22 años en el 2009.
Otra vez en el juego. “El Loco” Flores no suda, está en una posición de matar al Grandes Ligas ¿Podrá hacerlo? Sí, conectó una línea que dejó en cuidados intensivos al borde del colapso a Wilton López. Mientras Ramón recargaba sus pulmones con el oxígeno que le produce el beisbol, López salía después abucheado por el público chinandegano. No es un simple noveno bate.