Cierren los ojos e imagínense que están en Granada ¡No, eso no! Por un momento hay que olvidarse que tiene el lago más grande de Nicaragua y en él sus bellas isletas, que tiene estructuras coloniales, que vende el mejor vigorón del país, que los turistas caminan asombrados.
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Anoche fue una ciudad invisible en sus calles y los lugares emblemáticos estuvieron abandonados; el corazón de la Gran Sultana le pertenecía al estadio Roque Tadeo Zavala.
Anoche solo había un clamor, un grito de júbilo. Se vendieron 5,000 boletos, según el presidente del Granada, Martín Madriz, pero ese no era el espejo de la verdad, cada acera llena, cada pasillo colmado de personas, en cada orificio un curioso, en cada escalón fanáticos de pie. En realidad llegaron con una motivación, ya estaban hartos de ser coleros, si de alegría se tratara los granadinos están listos para ser campeones.
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El Oriental logró unir a sus pobladores que desde el 2013 no estaban en una final, el plato turístico principal fue el primer partido de la Final de la Liga de Beisbol Profesional. Desde temprano bajo el sol, tanto nicaragüenses como extranjeros hacían filas para comprar boletos y luego entrar al estadio. Los revendedores lograron lo que en la temporada regular no habían podido: sacar sus navidades, la reventa estaba en 100 (50), 150 (100) y 400 (300), un regalo de Año Nuevo.
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Dentro del núcleo de las tribunas estaban los famosos “Chicheros”, esos que con una trompeta, un trombón, panderetas y tambores alegran a los fanáticos. Raramente cuando hay duelo de picheo como ocurrió con Carlos Téller y Róger Luque los fanáticos se exaltan hasta el delirio, sin embargo, los granadinos lo hicieron, vivieron una verdadera euforia que ni el jonrón de su oponente Wuilliams Vásquez pudo callar.
Cierren los ojos, imaginen que están en Granada; seguro no se arrepentirán.



