Poemas de Julio Francisco Báez Cortés
Pastorelas de dos en dos
Oda a unas nietecitas,
que sin darse cuenta
detuvieron a la luna
y sonrojaron al sol.Al papa Francisco,
niño alegre que siempre dice
la verdad
I
Agarraditas de la mano
con permiso de sus papás,
correteaban las gemelas
entre altares a la Virgen
y nacimientos de Belén.
Pascuas y pastoras,
sardinillos y madroños,
fragancias encantadas
salían a su paso
en alfombras de alhelí.
II
Por fin llegaron a Esquipulas
canturreando sin parar.
¡Niñitas bendecidas!
–advertía el Cheleruiz–
serán como Francisco
invocando al Buen Pastor:
Si en mi nombre
se reúnen por lo menos dos,
ni un segundo duden
que en esos mismos líos ando yo.
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Pesebre en flor
A María Elsa, abuela por primera vez.
I
Te doy la campanita,
me das un popurrí.
Te doy la Gigantona,
me das un Cabezón.
Te doy la jirafita,
me das un tortugón.
Te doy el querubín,
me das un serafín.
II
Te doy una cosquilla,
me das un alegrón.
Te doy un huevo chimbo,
me das el requesón.
Te doy un tortolito,
me das el colibrí.
Te doy un amarillo,
me das el carmesí.
III
¿Y al triste Niño Dios
acurrucado en el portal?
Le daremos chotecitos,
nos dará su corazón.
Le daremos dos sonrisas,
¡nos dará su bendición!
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Juego
¿Quién fue?
Yo no fui,
Anna fue.
¿Quién fue?
Yo no fui,
Emma fue.
Vamos a ver, ¡quién fue!
Las dos creemos
que nadie fue.
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Acertijo
Ilusión nacida en combo,
igualita al Momotombo:
Una, impredecible y portentosa
–dulzura misteriosa–.
Otra, bullanguera y majestuosa
–ternura caprichosa–.
Adivina adivinador, ¿quiénes son?
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Asombro
¿Cómo ves a la tiernita?
¡Oh, Señor!
¿Cómo ves a su hermanita?
¡Oh, Señor!
¿Entonces?
¡Demos gracias al Señor!
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Villancico en la pila bautismal
I
Mi primera madre partió
más joven que el amanecer.
Ni surcos en su rostro,
ni penas sin perdón.
Santa de excelsa plenitud.
Mi segunda madre, reina sabia,
cuenta-cuentos a bisnietos.
Virgen caminante del vergel.
Viejecitas querendonas, divertidas.
¡Señorías de encumbrada dignidad!
II
Escondidas entre nubes,
persiguiendo sudorosas
a sus angelitos de la guarda
en andenes celestiales,
las gemelas balbuceaban
a esas madres otoñales
chapoteando amores
en la pila bautismal:
¡Vamos a seguir naciendo
porque ustedes ríen como Dios!