José Leopoldo Decamili

Pedir perdón, ¿a quién y por qué?

El 12 de octubre de 1492. Todos los escolares conocen la fecha en que nació Hispanoamérica. Mucha agua ha corrido entretanto debajo del puente de la vida histórica. El mundo de entonces —hombres, instituciones— reposan rígidamente envueltos en profundas sombras. Del seno de ese mar de realidades volatilizadas y olvidadas emergen solamente algunas fisonomías que han conquistado, ya en este mundo, una merecida inmortalidad. Un genial hombre de mar —un trastornado mental, según el juicio de muchos de sus contemporáneos— con el apoyo de la corona española, da realidad a un sueño que realmente parecía imposible. Descubre —sin saberlo él mismo— “un nuevo mundo”. No una parte desconocida hasta entonces del continente asiático, sino, realmente, un continente nuevo, posibilitando así el ingreso de América en la historia universal humana. Siguen después los decenios de la conquista en los que tantas barbaridades se cometieron y en los que los fabulosos tesoros anidados en las entrañas de la tierra americana fueron saqueados y transportados a Europa. Pero un balance histórico equitativo y veraz no debe olvidar por otro lado los beneficios que entraña la presencia de España en América, que son substanciales. España lleva a América todo lo que Europa albergaba en el Renacimiento, extraordinariamente rico en el plano de la técnica, de la organización social, del arte, de la ciencia, del pensamiento filosófico y de la religión. Hay que tener presente que si bien algunas comunidades indígenas habían logrado gran desarrollo en determinados aspectos de su existencia colectiva, en su conjunto, vivían todavía en profundas capas del desarrollo histórico de la humanidad (canibalismo, esclavitud, idolatría de sanguinarios dioses, técnica primitiva). Merced a la obra civilizatoria de España (con todas sus graves deficiencias) el mundo indígena lleva a cabo un brinco mirífico en el tiempo. El Renacimiento y el Barroco expanden en América esplendorosas manifestaciones. La Corona española establece como norma jurídica de convivencia las famosas Leyes de Indias, un código de sabiduría y humanidad difícilmente superables. En esta tarea de sublimación cultural es esencial la contribución de la Iglesia católica. Sus misioneros fueron, realmente, el alma de la transformación de Indoamérica en la nueva unidad cultural, que debe designarse correctamente Hispanoamérica. Teniendo presente todo esto resulta a mi juicio incomprensible que todavía haya personas, en España e Hispanoamérica, que condenen aquella épica redentora y exijan que se pida perdón a las comunidades indias actualmente existentes. Repito: toda obra humana está siempre signada por la mácula de la imperfección, y así, en la colonización de América tuvieron lugar inconcebibles actos de barbarie. Mas, en la suma final, resplandece la obra civilizatoria que honra a España y de la cual no tiene por qué arrepentirse ni pedir perdón. Además no hay que olvidar que cuando los españoles aparecen en el escenario de América se encontraron con tribus indias guerreras que habían impuesto su dominio sobre otras comunidades merced a un régimen de brutal ferocidad. ¿Cómo discernir hoy a los descendientes de aquellas etnias opresoras de las tribus sojuzgadas? ¿A quién pedir perdón?

El autor es catedrático emérito de filosofía de la universidad técnica de Berlín.

Opinión Hispanoamérica archivo

COMENTARIOS

  1. ES CINISMO DECIR QUE NO SE PUEDE PEDIR PERDON PORQUE NO SE SABE A QUIEN
    Hace 11 años

    Dn José agarra el rábano por las hojas. Que España no se arrepienta o no quiera pedir perdón es irrelevante. Pero, porqué tenemos que que celebrar el 12 de Octubre? Las crónicas en Nicaragua, describen las largas filas de indígenas amarrados, arrebatados a sus hijos y sus mujeres, que pasaron por El Realejo, para ser embarcados a trabajar como esclavos en las minas de El Perú, la barbarie cesó no por misericordia sino porque se acabaron los indígenas.

  2. nicasio
    Hace 11 años

    Entre los indigenas al someter unos a otros en terminos de grupos les cortaban las alas, las cuales con el tiempo volvian a crecer. Los espanoles a «todos», los indigenas de america, incluyendo a los utilizados de Tlaxcala en Mexico, a todos, les mataron: «La esperanza». y a los «criollos» que comparten la opinion del autor, por favor, no renieguen de su lado indigena

  3. Dominic Parralez
    Hace 11 años

    Los indijenas algunos eran no menos que las bestias salvajes, donde la sed de sangre era lo cotidiano,subjugaban a otras tribus exigiendoles tributos, y las almas de los jovenes y las jovenes virgenes para ser sacrificadas, y los prisioneros de guerras eran sus corazones extraidos y ofercidos al dios sol.era una vida que no se diferenciaba a la salvaje.algunas tribus fueron liberadas de estos sufrimientos de los que se asemejaban a las sociedades civilizadas de hoy.

  4. Hace 11 años

    En 1492, comenzó el atraco, sufrimiento, y muerte, sufrido por los pueblos indígenas, a manos varias naciones europeas. Ahora, se repetirá la historia. Comenzará, lo mismo; a manos de un asiático, y su cómplice, el nicaragüense, más grande vende patria, de que tengamos memoria. ¿Permanecerá usted indiferente, guardando silencio, pretendiendo, no oír, no ver, ni hablar? En algunas ocasiones, y esta es UNA: ser prudente, significa ser cobarde.

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