Ahora es fácil notar que los Royals de Kansas City tienen una monstruosa capacidad para poner la bola en juego, que su defensa atrapa lo que se mueve, que su bullpen es casi invulnerable y que tienen una determinación que los volvió implacables.
Pero ensamblar ese equipo de talentosos jugadores le tomó nueve años a Dayton Moore, el gerente general seleccionado por el dueño del club, David Glass, tras el despido de Allan Baird en el 2006, debido que la nave no conseguía salir a flote.
Equipos de presupuesto bajo, mercados pequeños y extenso historial de fracasos no son lo más atractivo para los jugadores y tampoco para los ejecutivos. Moore no lucía interesado en el puesto cuando habló con Glass en 2006. Él deseaba ir a Boston.
Pero se la jugó y aunque en los primeros cuatro años no se vieron mejorías, sentó las bases para el florecimiento del equipo actual. Dejó a jóvenes que serían la base, como Hosmer y Moustakas, y cambió a los que le permitirían reforzar otras áreas.
Envió a Zack Greinke a Milwaukee y obtuvo a Alcides Escobar y Lorenzo Cain. Mandó a Wil Myers a Tampa y adquirió a James Shields y a Wade Davis, su actual cerrador. Su énfasis ha sido picheo y defensa y bateadores de contacto.
Kansas hizo contacto al 81.9 por ciento de los envíos. El porcentaje más alto de las Mayores. Eso hace que sean por cuarto año, el equipo de menos ponches. Y batea .292 ante lanzadores de 95 o más millas en su recta. Por eso, no les asustaron los Mets.
Pero junto con el conocimiento, la creatividad y eficiencia, los Royals fueron pacientes con su personal y ahora recogen los frutos.