Policostumbrismo o politraumatismo

Lo que si te digo es que si te acercás mucho a Managua te va a morder, te va a morder hermano porque te va a morder. Yo los he visto con mis propios labios.

Adjunto el retazo de una conversación telefónica que sostuve con un amigo escritor sobre lo que el insistentemente “denomina neo-costumbrismo” (a veces sin guion) o “re-costumbrismo” (nunca todo junto). Es la transcripción de una vieja roconola que desde hace años tararea el viejito sin cesar, dándole énfasis a lo que el llama “la levitación de textos que nunca despegan…” textos que sobreviven “embadurnados de color local a pesar del entorno urbano”. Por temor a represalias, el añejo escritor —Isidro Parodi— me ha pedido que me reserve su nombre.
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“…no mano, no hombre, si es que no es lo político, ahí es dónde te equivocás. Es que mirá si vos llegás a un lugar como Managua allá por el año 91, tratando de acaparar el quehacer cultural desde una rendija voyeurística, decantando —según vos— los paisajes de la Managua… ¿cómo es que les decís vos?

Postbellum.

“Ajá, los paisajes de la Managua postbellum, de la Managua post-inflacionaria, la Managua de los Córdobas Oro, la de los billetitos de Panchito Mayorga, la Managua menguante de dos carriles, la de los Cinemas 1 y 2, la Managua repleta de Camionetonas afuera de la Diplo-Tienda, la Managua repleta de papeles membretados —muy similares a los billetitos de Panchito Mayorga por cierto— refunfuñando en fólderes rechonchos en las salas de lo contencioso administrativo, la de las prebendas con los bonos de la vivienda, la Managua de Boris Yeltsin, la Managua de ministerios con secretarias somnolientas pendiendo y pendientes de una burocracia desmantelada, la de las nubes que se desvanecen al suavetón sobre El Xolotlán, ¿Esa Managua? Si es esa Managua te vas a meter en un clavón hermano, un clavón de este pelo hermanito, te vas a enjaranar con gente chambona, gente hasta las tapas de reales, lo cual, no necesito decirte, es la clave del éxito en nuestra capital: la chambonada y el ilícito”.

“No te dispares con esa pistola sarrosa que vos sos caitudo y esa bala —así es, la misma bala de Salomón— te va a desbaratar el empeine y vas a quedar renco. Renco vas a quedar y si hay un refrán sabio es aquél que declara la universal infamia de los que sufren un ligero desnivel en sus extremidades inferiores”.

¿Que no hay rencos buenos?

“Eso mero mi doctor, yo sabía que no andabas ni tan peor, ni tan miope, ni tan perdido. La cosa es que los rencos son mala bichucha, definitivamente mala bichucha son los rencos. Si te ponés a pensar el buen vivir depende de la sombra, es decir, la posibilidad de una existencia balanceada. Todo esto es inalcanzable para los rencos. Con esto te lo digo todo: los rencos no pueden ni concebir la abstracción porque en términos prácticos están desbalanceados. ¿Cuando has visto vos a un lisiado de guerra bueno y sano? ¿Ah? Contestá que te estoy preguntando”.

“No, yo no sé, ahí andan pidiendo plata en los semáforos”.

¡No existen hermanito! Todos quedaron arriba de los palos. Pero los doctores, muy duchos según ellos, la trastean toda y creen que lo que les pasa es algo psicológico, algo en las neuronas que hay que escarbar como quien busca una garrapata en un pedazo de queso suave. ¡No hermano! Andan así porque quedaron rencos, muchos de ellos hasta los huevos perdieron, los caparon al lado del viento, por lo que se convierte en un problema de índole psicomotora, un síndrome Merleau-Ponty lo llamaría yo. Claro, los mancos tienen clavos también pero esos son otros cien pesos. Y no estoy hablando de los de Panchito…”

Cual acuario empotrado en pared lozana…

“Yo no sé hermano, lo que sí te puedo decir es que si te acercás mucho a Managua vas a pasarla tranquilo. Los clavos empiezan cuando la apersogás a distancia con palabras rebuscadas en los diccionarios de Matus Lazo. Yo sé de muchos casos. Está el célebre caso de Joyce, un escritor que no escribió nada que valiera la pena después de Dublineses y al que después consagraron por un libro que es igual de malo que Finnegan’s Wake, pero que la crítica insiste en estudiar cuando todo es un simple juego de palabras nostálgico con unas cuantas alusiones a lo pecaminoso. Ulysses es un libro renco, un libro de los exiliados, un libro que no tiene ni ton ni son ni balance alguno. O está Nabokov, un paria hecho y derecho que les regaló a los gringos la maldición del postmodernismo con sus semblanzas en Pálido fuego del mítico mundo de Zembla; pero Zembla no es otra cosa que una Rusia inacudible y recóndita”.

“Lo que si te digo es que si te acercás mucho a Managua te va a morder, te va a morder hermano porque te va a morder. Yo los he visto con mis propios labios. Ahí quedan los camaradas llenos de tinta en las salas de emergencia con politraumatismo generalizado, como dicen los galenos encascados, los que profieren neologismos a las cámaras, las mismas que los graban mientras acarrean al bolo consuetudinario que se cayó en el cauce y que por pura chiripa no se palmó”.

Cultura

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