Una de las vías más rápidas para erradicar el hambre y la pobreza en las zonas rurales es la protección social; y aunque en los últimos años han proliferado programas de este tipo la gran mayoría de los pobres en las zonas rurales no cuenta con ningún tipo de cobertura social, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).
En los países pobres los planes de protección social como las transferencias de efectivo, la alimentación escolar y las obras públicas son una forma económica de proporcionar a las personas vulnerables la oportunidad de salir de la pobreza extrema y el hambre y mejorar la salud, educación y oportunidades en la vida de sus hijos, dice el informe El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2015, publicado por la FAO.
No obstante, el estudio reconoce que no todos los programas de protección social investigados produjeron efectos positivos en la inversión y acumulación de activos de los beneficiados. Por ejemplo, no se constató ninguno en el ganado ni en la propiedad de la tierra asociado al programa Red de Protección Social de Nicaragua (en la actualidad suspendido).
Sin embargo, ese mismo programa redujo entre tres y cinco puntos porcentuales el trabajo infantil entre los niños nicaragüenses de entre 7 y 13 años.
Aunque no siempre producen los frutos esperados, la FAO afirma que los planes básicos de transferencia social ofrecen a los pobres la oportunidad para mejorar su propio potencial productivo. También tienen efectos indirectos positivos en las economías locales, incrementando las oportunidades de negocio, elevando los salarios rurales, y permitiendo a los más pobres adquirir o invertir en activos.
Otro obstáculo que enfrentan las familias rurales para salir de la pobreza es la falta de acceso al crédito. Según el informe en Nicaragua, Honduras y Perú el cuarenta por ciento de los productores agrícolas tiene acceso limitado al crédito.
Y cuando se carece de estos planes, muchas familias extremadamente pobres se ven obligadas a vender los activos productivos, poner a los niños a trabajar, sobreexplotar sus pequeñas propiedades de manera no sostenible, o conformarse con empleos mal pagados. Sin esa ayuda, muchas personas pobres y vulnerables no tendrán jamás la oportunidad de salir de la trampa de la pobreza, en la que el hambre, la enfermedad y la falta de educación perpetúan la pobreza para las generaciones futuras, sentencia la investigación.
REQUIERE APOYO
El informe El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2015, publicado por la FAO enfatiza que la protección social por sí sola no puede erradicar de manera sostenible el hambre y la pobreza rural. Por lo tanto, es indispensable combinar y coordinar las inversiones públicas en protección social con las inversiones públicas y privadas en los sectores productivos de la agricultura y el desarrollo rural, para garantizar el crecimiento económico inclusivo como forma sostenible para romper el ciclo de la pobreza rural.
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