El debate demócrata

En un enorme salón, lleno de luces multicolores, efectos de sonido e impecablemente arreglado, muy propio de la cultura norteamericana, iniciado por el cántico del himno nacional estadounidense a cargo de la célebre solista de country Sheryl Crow, en la ciudad del pecado, Las Vegas, bajo la arquitectura fabulosa del hotel Wynn, se llevó a cabo el debate del partido demócrata.

En un enorme salón, lleno de luces multicolores, efectos de sonido e impecablemente arreglado, muy propio de la cultura norteamericana, iniciado por el cántico del himno nacional estadounidense a cargo de la célebre solista de country Sheryl Crow, en la ciudad del pecado, Las Vegas, bajo la arquitectura fabulosa del hotel Wynn, se llevó a cabo el debate del partido demócrata. Las dos grandes estrellas de la noche fueron Bernie Sanders, senador por el Estado de Vermont, de 74 años de edad y la muy conocida senadora Hillary Clinton, nacida en Chicago, Illinois, de 67 años.

Sanders, demócrata-socialista (connotación no muy bien vista en ese país, como lo califica atinadamente el diario español El País), habló con un lenguaje claro y preciso sobre la tragedia que significa para dicha nación el hecho de que el famoso “sueño americano” cada día desaparece, ya que una ínfima minoría es dueña de la mayor parte de la riqueza, no paga impuestos y acumula cada día más y más.

La frase de la noche la produjo el senador por Vermont cuando dijo: “El Gobierno no regula Wall Street, Wall Street regula al Gobierno”. A mi entender, puso el dedo en la llaga cuando describe el hecho innegable de que la clase media en los Estados Unidos ha sido devastada por las políticas de los rectores de la economía.

Su propuesta de gratuidad de la educación superior, lo mismo que el acceso irrestricto a la atención médica y la regulación de la banca, son temas que entiende el ciudadano corriente, sea blanco, negro, hispano, asiático o de cualquier origen, ya que está viendo como en todo estos años su situación económica cada día se va reduciendo al mismo tiempo que las grandes corporaciones anuncian el aumento de sus incontables ganancias.

Los que pensaron que la señora Clinton las tenía ganadas y solo iba a traerla, se equivocaron, la campaña está empezando y hay mucho terreno por delante que jalar. Doña Hilary mostró su total dominio de la escena, su muy cuidado y pulcro lenguaje (los dos hablan un inglés académico), su impecable vestimenta, su maquillaje, su reconocida capacidad de oradora desde los tiempos que estudiaba en Yale, todo a la perfección, como estrella de Hollywood, lista para ocupar la silla presidencial y ser la primera mujer en la historia de los Estados Unidos que alcance ese puesto.

Una cosa quedó clara: la unidad del partido demócrata y las ganas de obtener la victoria ante el reto republicano, que ha bloqueado los últimos años de la administración Obama y contiene en su interior un minipartido conocido como el “tea party”, totalmente radical, que amenaza con destruir no solo al partido republicano sino al propio sistema.

Los otros tres candidatos, los exgobernadores de Maryland y Rhode Island, Martin O´Malley y Lincoln Chafee, y el exsenador por Virginia Jim Webb, daban la impresión de estar buscando la nominación para integrar el tiquete y ser postulados como candidatos a la vicepresidencia.

Algunos medios opinan que Clinton salió reforzada. Yo disiento de esa opinión, lo que verdaderamente sucedió es, que siendo un debate entre miembros de un mismo partido, y estando claro que el enemigo a derrotar no era ninguno de ellos, sino el partido republicano, los temas espinosos de Clinton no se tocaron, al contrario, hubo una gran camaradería, elegancia, y fineza cuando se llegó a esos puntos. Todos obviaron el enfrentamiento, pero la situación hubiera sido diferente si, en vez de sus colegas, Clinton hubiera tenido que enfrentar a la batería republicana. En el caso del escándalo de los e-mails, provocado por su auto reconocido “error”, o la crisis de Bengazi (Libia), diferente hubiera sido la situación si eso se hubiese debatido ante verdaderos contendientes. Lo real es que esos temas van a seguir siendo debatidos durante la campaña y solo el pueblo norteamericano, a través de su sistema electoral de primarias, va a ir decantando las aspiraciones de cada quien. Una cosa está clara, Clinton no las tiene todas y Sanders constituye una verdadera amenaza. Quién de los dos llegará, eso solo el tiempo nos lo dirá.

El autor es abogado.

Columna del día debate demócrata Estados Unidos archivo

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COMENTARIOS

  1. Ricardo Serrano Quant
    Hace 11 años

    Clinton es considerablemente superior en experiencia, inteligencia y empuje que Sanders quien esta muy por detras en capacidad para gobernar. La comparacion es burda. Ella ha demostrado desde el bachillerato ser excepcional en todo el sentido de la palabra, desde entonces tuvo la meta de llegar a ser presidente de los EEUU; ese «norte», mas sus dotes de lider insuperable y tenaz la ponen en posicion ventajosa para ocupar la silla precidencial. La asesoria de su marido tampoco es…

  2. Edmundo Dantes
    Hace 11 años

    El alabo de su escrito me recordo a Novedades y su parcialidad, y le aclaro: Dicho debate tuvo el guion arreglado por tanta cordialidad que a excepcion de un petardo de Sanders, nadie sacó su caracter. Cuando alguien expuso alguna propuesta atractiva, Hillary se dedicó a decir que esa propuesta era parte de su plan como una raterita que los televidentes nos dimos clara cuenta. Ella no habla mal y se cree cobijada por el aura Clinton, pero nunca ha competido en serio sino que ha heredado puestos.

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