Hillary Clinton, favorita del bando demócrata, y su principal rival, el senador Bernie Sanders, denunciaron ayer la desigualdad económica como el gran mal de EE. UU., en el primero de una serie de debates en la carrera a la Casa Blanca.
“Haré todo lo posible para sanar las divisiones económicas, porque hay mucha desigualdad”, lanzó de entrada la exsecretaria de Estado que aspira a convertirse en la primera mujer presidente en la historia de EE. UU.
Ubicada en el centro del plató por su ventaja en los sondeos, Clinton prometió combatir las inequidades de todo tipo.
A su lado, el senador Sanders, de 74 años, un declarado “socialista democrático”, alertó de la “crisis sin precedentes” que enfrenta el país. “Nuestro sistema de financiamiento electoral es corrupto y está socavando la democracia estadounidense”, dijo.
Los demás aspirantes —el exgobernador de Maryland, Martin O’Malley, el exsenador Jim Webb y el exgobernador de Rhode Island, Lincoln Chafee—, que exhiben índices de popularidad de un dígito, intentaron hacerse notar. Pero el protagonismo estaba reservado para Clinton y Sanders.