La película que está en cartelera, que no la nombro pero la evoco, es sin duda alguna un tratado de liderazgo personal, a como también fueron en su tiempo, y memorables, El vuelo del Fénix , (1965 y 2004), así como 13 días (2000), que son épicas historias de ese talento y habilidad que supone, dominar y cambiar lo aparentemente imposible.
En la obra de Mark Watney, astronauta miembro subalterno último de una tripulación en misión en Marte, con especialización en Botánica, es golpeado por un trozo de antena durante una tormenta de arena, siendo dado por muerto por el resto de sus colegas, queda herido y varado en ese inhóspito planeta, donde tendrá que arreglárselas, a lo que por lógica elemental se pensó, solo cabía esperar una muerte segura.
No obstante, su preparación y conocimiento, así como sus habilidades personales, se destacan en ese planteamiento en donde simplemente es necesario sobrevivir cuatro años, en un módulo que solamente está diseñado para durar 31 días, que es lo que la misión tenía como objetivo durar, con víveres que en forma racionada, solamente ajustarían para 12 meses.
La obra es una épica del liderazgo personal en sentido superlativo, pero de aquel verdadero talento que supone las precondiciones para que las gestas sean logradas, tales como el conocimiento profundo de un trabajo, el entrenamiento riguroso para dominar destrezas específicas, pensamiento creativo, medios de fortuna (aquellos elementos que aunque fueron diseñados para un propósito, pueden servir para otro más afortunado).
Pienso rescatables que las siguientes inferencias de esta formidable gesta que aunque es una obra de ficción, del talentoso Andy Weir— invitan a una obligatoria apreciación de esa rigurosa disciplina del liderazgo, no de aquellas golosinas psicológicas de “liderazgo pop”, ahora tan abundantes: Es siempre personal, no supone que pueda ser desarrollado por casualidad, simplemente entra en acción en las más duras circunstancias, no en las comodidades de sillón ni en las abstracciones teóricas. Implica conocimiento aplicado. De nada sirve saber cosas sin aplicación. Decía Santiago Ramón y Cajal, sabio español, que si lo que usted ha aprendido no tiene aplicación práctica para el progreso, ha perdido vilmente su tiempo.
Exige preparación fuera de lo común, esfuerzo extenuante y desvelos, no se puede pretender liderarse a sí mismo —mucho menos a otros— con una preparación superficial o mediocre ante las eventualidades.
—Vencer la propia negatividad y autoconmiseración: Los resultados deben lograrse venciendo primero la fácil tentación del victimismo, “estoy aquí porque me abandonaron”, hubiese sido la muerte en un cortísimo plazo.
—Presupone acción física. Usted puede tener un título gerencial, ser, por eliminaciones sucesivas, un supuesto líder organizacional, pero pudiera ser solo obra del darwinismo social en un sentido, pero no dice nada sobre su verdadera capacidad de liderazgo.
—Enfocar y replantear situaciones en términos de resolución de problemas, no de posiciones personales. No se hubiese dado una exitosa culminación de la misión de rescate, si el personaje —encarnado por Matt Damon— no supiera las implicaciones que tenía para él mismo el alcanzar el objetivo, el racionamiento que hizo de los alimentos para llegar a la meta, es un enfoque lúcido en que se requiere sacrificio y disposición.
—Manejar las emociones. Nadie puede decir que no ha sentido miedo, desesperanza y sentido de perdición ante un planteamiento exigente y acaso irreversible, pero controlar estos sentimientos y mantenerse enfocado es la característica quintaesencial de los líderes verdaderos.
—Carácter y determinación: saber reconocer las situaciones en donde la flexibilidad implica una ventaja para mantenerse en ruta hacia el objetivo.
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