Carlos Alberto Montaner

El papa y la pobreza

Los congresistas norteamericanos invitaron a almorzar al papa Francisco. Su Santidad prefirió irse a comer con un grupo de desamparados en una institución caritativa de la Iglesia.

Fue una selección predecible. La Iglesia católica valora extraordinariamente la relación con los pobres y, de alguna manera, ensalza la pobreza, la austeridad, y castiga el “consumismo”. Lo dijo San Basilio y lo suele repetir el papa: “El dinero es el estiércol del demonio”.

Así es desde que Jesús, que había nacido en un establo, comenzó a predicar y eligió a sus apóstoles, una docena de personas de muy escasos recursos, algunos de ellos pescadores.

Cuando la Iglesia creció y se asentó, esta impronta se mantuvo durante varios siglos en la veneración por los eremitas que se apartaban del mundo y se refugiaban en el desierto para agradar a Dios mediante una vida de privaciones y soledad. Simeón alcanzó la santidad por pasar muchos años encaramado en una columna.

A mi juicio, la Iglesia insiste en un discurso contradictorio enquistado en unos orígenes al servicio de muchedumbres de pobres y enfermos, situación que tiene una escasa relación con el mundo contemporáneo.

Sin duda, durante milenios, la pobreza era el único horizonte posible de la mayor parte de la especie. Pero desde hace menos de 300 años ese panorama comenzó a cambiar a partir de la revolución industrial, de la ampliación y sofisticación de las redes comerciales y de la aparición de la idea del progreso como objetivo social.

No es verdad que el capitalismo excluye natural o deliberadamente a las personas. ¿Por qué habría de hacer algo tan estúpido? Lo que les interesa a los productores de bienes y servicios es que haya pleno empleo y todos puedan consumir. La lucha del capital es porque se expandan el perímetro del mercado y la intensidad del consumo. Es al revés: lo que constriñe la maquinaria económica es la improductividad y el no-consumismo.

Le bastaría al papa, o a cualquiera, asomarse al Índice de Desarrollo Humano que publica anualmente la ONU para advertir que los 25 países más desarrollados del planeta son democracias liberales en las que la producción y las transacciones económicas se llevan a cabo dentro de las normas del mercado y la propiedad privada.

No es verdad que el mercado es ciego y carece de virtudes. El mercado es la suma de las decisiones racionales de millones de personas que van modificando constantemente el panorama económico con sus acciones. Es una expresión natural de la libertad individual. Ese crecimiento u orden espontáneo del mercado va a depender de muchos factores incontrolables y, por lo tanto, impredecibles, pero generalmente beneficiosos.

Tampoco es cierto que la competencia es inhumana o expresa una actitud codiciosa. Se compite para satisfacer a los consumidores y en ese proceso se depuran y mejoran los productos y los servicios ofertados.

El papa y la Iglesia, para reducir la pobreza, tienen que descubrir, como Deng Xiaoping, que “enriquecerse es glorioso”, pero no por las ventajas que ello trae para quien lo logra, sino porque en ese proceso por alcanzar la gloria de la riqueza los emprendedores sacan de la miseria a numerosas personas. En China, 400 millones han abandonado sus penas económicas gracias a emprendedores tercamente empeñados en triunfar.

La experiencia nos ha enseñado que en las sociedades guiadas por el mercado y no por las decisiones o caprichos de los funcionarios y comisarios, la producción, la productividad y la complejidad de lo producido son mucho mayores y, por ende, los salarios son más altos y las clases medias resultan absolutamente dominantes. Ese es el “secreto” de las admiradas sociedades escandinavas y, en general, del primer mundo.

Hace muy bien la Iglesia en practicar la compasión con los necesitados —Caritas es una institución ejemplar—, pero esa actividad, como la sopa que se les daba a los mendigos en los conventos, alivia el hambre o las necesidades inmediatas (lo que no es poca cosa), pero no soluciona el problema de la pobreza y, con frecuencia, genera una penosa dependencia y una perversa dinámica asistencialista-clientelista.

¿Es tan difícil entender que la riqueza solo se crea de manera permanente en empresas que generan beneficios, ahorran, invierten, crecen y pagan impuestos? ¿No es obvio que las personas instruidas y con buenos hábitos laborales benefician a las empresas y, simultáneamente, se benefician ellas de sus saberes y comportamientos? ¿No nos explica este comprobable fenómeno lo que hay que hacer para disminuir la pobreza?

Lo irónico es que la Iglesia católica se nutre de las exitosas sociedades capitalistas mientras no deja de condenarlas. Sin los excedentes que ellas producen y entregan —en el pasado fue el diezmo— no sería posible sostener una estructura parcialmente improductiva como es la jerarquía eclesiástica.

No sé si el dinero es el estiércol del diablo, pero estoy seguro de que sin él ni siquiera existiría un papa instalado en un palacio del Vaticano. [©FIRMAS PRESS]

El autor es periodista y escritor. Su último libro es la novela Tiempo de Canallas. ©FIRMAS PRESS.

Opinión Papa Francisco pobreza archivo

COMENTARIOS

  1. usuario
    Hace 11 años

    El Dinero no es lo malo,es como lo utilizas.Y eso es lo que señala la Iglesia católica.La iglesia Católica es la iglesia de Jesus.es la que fundó mediante Pedro,y donde su mayor perseguidor Pablo iluminado por Dios fué a la casa del imperio Romano a convencerlos del mal que hacian.Por tanto señor deje criticar la iglesia, critique a los adinerados que no distribuyen bien el dinero a los pobres del Mundo.

  2. ANTONIO JARQUIN
    Hace 11 años

    El Apostol Santiago, en carta a las doce tribus, dijo: CONTRA LOS RICOS OPRESORES: 5 ¡Vamos pues ahora, oh ricos! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros. 2 Vuestras riquezas se han podrido, y vuestras ropas están comidas de polilla. 3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; su moho servirá de testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como fuego. ¡Habéis amontonado tesoros en los últimos días! 4 He aquí clama el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el…

  3. Byron
    Hace 11 años

    La posicion de Montaner, como siempre, se va a la extrema derecha. No es totalmente cierto ni totalmente falso. El problema es que un mercado sin control no es lo mejor, un mercado con muchos controles y un asistencialismo desmesurado tampoco. El equilibrio es dificil, pero es lo deseable. En los paises escandinavos es asi pero Montaner lo obvia. El es extrema derecha, yo descofio de los extremos. Ortega es extrema izquierda por eso es que ni Montaner no Ortega me gustan. Los extremos se juntan.

  4. Hace 11 años

    Es claro que entes como Iglesia católica, y diversas Ongs que estan en funcion de servir a la sociedad, para bien del mismo hombre, canalizando recursos para cumplir su mision, deben ofrecer la sopa para calmar el hambre que el hambriento tenga en el momento; pero es un error, y miopia grande no considerar que, se trabaja a diversos niveles dentro de esas instituciones para disminuir, la tragedia humana de la pobreza, en sus diversas manifestaciones. Luego, erradicar la pobreza es tarea de tds

  5. El Católico
    Hace 11 años

    Tambien es cierto que el mercado ha creado y expandido el Narcotráfico, el mayor flagelo de la Humanidad, el tráfico de armas y de trata de personas, hay que distinguir el avance del mercado para la satisfacción de las necesidades y la razón de ser de la producción, del mercado espúreo, clandestino, del dinero fácil, que se multiplica por la debilidad de las personas, ese es el condenable.

  6. El Observador
    Hace 11 años

    Como siempre el Sr. Montaner nombrando las cosas por su nombre. Esa política de humildad y amor a los pobres, es lo que hizo millonaria a la Iglesia Católica, al extremo que ha indemnizado a miles de personas por abusos cometidos por los curas y aun le queda su poquito de «estiércol.» Aunque ahora ya no vende «Indulgencias» las que en otros tiempos les llenaban las arcas al Vaticano, y no porque no quieran, sino porque ya no hay tontos que las compren

  7. Mario Arana
    Hace 11 años

    Creo que por vender sus conceptos libertarios pierde el punto Montaner. Tenemos que encontrar balance entre libertad individual y equidad. El capitalismo ha sido un gran ecualizador con la creación de la clase media pero no ha resuelto la pobreza en el mundo. Hay algo que no anda bien y este papa lo está diciendo con toda claridad y sin tapujos. No entender eso es querer tapar el sol con un dedo. Entre más rápido lo entendamos, le daremos sostenibilidad al mismo capitalismo.

  8. jincho
    Hace 11 años

    Senor Montaner gracias por opinar, pero me recuerda las intervenciones del senor Trump que todo lo resuelve en un instante como quien prepara una receta de cosina.
    Usted lo sabe que este problema es muy complicado y no tan simple como usted lo expone.
    Todos tenemos derecho a participar y ser beneficiados de la cosa publica y si no hay un agente regulador el capitalism, que es util y beneficioso para todos, se convierte en fuente de explotacion. No tire piedaras solamente porser anticlerical.

  9. José Barrios
    Hace 11 años

    Excelente comentario. Hasta que al fín se dicen las cosas como son

  10. JOSE MATAMOROS
    Hace 11 años

    Carlos Alberto:
    Sus palabras sobre Francisco, demuestran una vez mas, que la verdad vertida por él, resentirá por mucho tiempo, a quienes tienen asegurado desde que nacieron: educación, salud y dinero.
    ¡Es obvio que lo defiendan!

  11. Marcos Jiron
    Hace 11 años

    Muchas gracias por su artículo, aterrize en mis intérpretaciones por lo dicho por Francisco del tema sobre el sistema capitalista, estoy claro que es muy radical,lo que hay que hacer es perfeccionar el sistema y así distribuir la riqueza de tal manera,que le llegue a los más desprotegidos de una manera eficiente y justa, no sólo la sopita,también una educación real que le sirva para salir de la miseria,salud integral y mucho más se puede hacer,solo se necesita voluntad de la buena.

  12. Hace 11 años

    Cuando el papa predica la humildad, que es una virtud, es cierto que relanza el amor por el projimo. primer mandamiento de la ley de Dios , pero esto no quiere decir que se olvide lo que nos diece en cuanto a dar a Dios lo que es de Dios y al cesar lo que es del cesar, porque Cuando generalizamos, se actua con populismo y confunde el pensamiento Cristiano. Siempre he creido que el asunto es personal, al momento que entreguemos cuentas ante el creador. Ojala Dios nos abra el pensamiento.

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