La Comisión Interamericana de Derechos Humanos echó por tierra las conclusiones de la Fiscalía General sobre este caso, atizando la ira de los padres que desde hace un año encabezan protestas. LA PRENSA/AFP /ARCHIVO

A un año de Ayotzinapa

Al grito de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, centenares de personas marchan en Ciudad de México en el primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (sur), un crimen que sigue sin resolver y que mermó la imagen del Gobierno.

Al grito de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, centenares de personas marchan en Ciudad de México en el primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (sur), un crimen que sigue sin resolver y que mermó la imagen del Gobierno.

Los desesperados padres de los estudiantes encabezaron la Marcha de la Indignación Nacional, que llegará hasta la emblemática plaza del Zócalo, llevando grandes fotos de sus hijos y gritando consignas en repudio de la versión oficial sobre este crimen perpetrado supuestamente por policías coludidos con narcotraficantes.

“No podemos descansar en nuestra búsqueda”, dijo a la AFP Felipe de la Cruz, vocero de los familiares de las víctimas.

Con carteles que dicen “Crimen de Estado” o “Fuera Peña”, grupos de amigos y familias enteras marchan por el céntrico paseo de la Reforma, donde un niño sentado en su carriola sostenía una pancarta que decía “Ni uno más”.

Hace unos días, los padres de los estudiantes llegaron desde el convulsionado estado de Guerrero (sur) hasta la capital para realizar un ayuno de 43 horas en honor a sus hijos y para entrevistarse el jueves con el presidente Enrique Peña Nieto.

En esa reunión, la segunda del mandatario con los padres desde que ocurrió el crimen, Peña Nieto les aseguró que la investigación sigue abierta y anunció la creación de una fiscalía especializada en localizar a los más de veinte mil desaparecidos que hay en el país.

Investigan fragmentos óseos

De su lado, la ONU abogó por un “replanteamiento general” de la investigación oficial y el esclarecimiento de sus “irregularidades”, que incluyen “informaciones sobre el uso de la tortura para conseguir confesiones y alteración de evidencias”.
Las autoridades de México enviaron a un prestigioso laboratorio de Austria 17 fragmentos óseos, de los que solo se pudo identificar completamente a uno de los estudiantes y parcialmente a otro.

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