Tanto el no saber que Dios quiere guiarnos, como el tener ideas equivocadas de la manera en que nos llega su guía, constituyen un serio obstáculo para aprender a discernir su voluntad. Hay algunos que piensan que el Señor solo nos guía por medio de profecías, visiones u otras maneras espectaculares. En cambio, otros pueden pensar que nunca nos guiará utilizando esos medios. La verdad es que existen dos formas principales por medio de las cuales el Señor nos hace saber su voluntad: La primera, por medio de una dirección general, y la segunda, por medio de una específica.
En todo hogar, los padres van estableciendo normas de conducta generales que regulan cómo deben comportarse sus hijos. Y así Dios que es padre nos da una serie de instrucciones que guían nuestro comportamiento de manera clara. Esta dirección general se encuentra en las Sagradas Escrituras, en la Biblia. Allí encontramos, por ejemplo: lo que debemos y no debemos hacer (La Ley de Dios, sus Mandamientos). Cómo debe ser nuestro carácter (Los Frutos del Espíritu, el modo de ser de Cristo, en Efesios 5,22). Cómo debe ser nuestra manera de hablar (Santiago 3). Cuál debe ser nuestra manera de pensar (Romanos 12). Cómo amar a nuestro prójimo (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”). Cómo amar a Dios (“Si me amáis guardaréis mis mandamientos”).
La dirección general que Dios nos da por medio de su Palabra se amplía por medio del Catecismo de la Iglesia católica, de las homilías, escritos y libros de autores cristianos reconocidos, enseñanzas de la Iglesia, Encíclicas, Cartas Pastorales de las Conferencias Episcopales, etcétera. Pero lo importante que veamos es que en ellas solo encontramos dirección general, o pautas generales de cómo espera Dios que seamos y actuemos todos los cristianos.
Debo advertir muy enfáticamente que antes de asumir que lo que suponemos haber recibido es la voluntad de Dios, debemos hacernos —entre otras— las siguientes preguntas, cuyas respuestas deben coincidir plenamente entre sí —por lo menos— con las demás preguntas aquí referidas:
¿Concuerda con la palabra de Dios? ¿Es conforme la ley de Dios? ¿Es conforme la enseñanza de la Iglesia? (El Catecismo de la Iglesia, comentario de persona calificada sobre la Escritura, opinión de un autorizado Director Espiritual) ¿Existen compromisos previos relacionados a esa decisión? (trabajo, familia, etc.) ¿Contradice esta nueva decisión de “Llamados” anteriores de Dios? ¿Dificulta la nueva decisión tu sumisión y obediencia a Dios y su Iglesia?
¿Propicia la conversión? ¿Conduce esa decisión a una unión más cercana con Dios? ¿Favorece un más fiel cumplimiento de las responsabilidades anteriores? ¿O más bien induce a una innecesaria ocasión de pecado?
¿Cómo confirmar la validez del llamado? ¿Viene la confirmación de las personas involucradas en la decisión? ¿Es confirmada por aparentes señales espirituales milagrosas? ¿Lo confirman personas que te conocen y que están en posición de darte una buena dirección? Lo confirman circunstancias, ya sean extraordinarias o que hacen posible la decisión? ¿Experimentás consistentemente paz o angustia al orar por la decisión? (Lo que viene del Señor siempre da paz) ¿Hay otras señales que parecieran confirmar o negar el divino origen de la decisión?
Si alguien quiere una mayor información sobre este tema, sobre la manera de conocer mejor la voluntad de Dios en situaciones en que a simple vista todas nos parecen igualmente buenas, puede escribirme a mi correo electrónico que con gusto trataré de satisfacerlo contestándole de la misma manera.
EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS.