En uno de sus últimos discursos antes de dejar su cargo, la embajadora de Estados Unidos, Phyllis Powers, dijo que su esperanza era que en Nicaragua se estableciera un gobierno “estable e inclusivo en el cual todos trabajen con la sociedad civil, apoyen a los medios de comunicación independientes y se beneficien de gobiernos locales y partidos políticos eficientes, receptivos y representativos”.
“Los Estados Unidos está comprometido a fortalecer las instituciones democráticas, apoyar a la sociedad civil, avanzar en el tema de la igualdad de género, mejorar la gobernabilidad y proteger los derechos humanos”, dijo Powers, el 16 de septiembre pasado en la Cámara de Comercio Americana (Amcham).
El discurso de la embajadora, quien dejó su cargo el pasado miércoles para retirarse después de 37 años de servicios en el Departamento de Estado, pasó desapercibido aquella tarde, pero tocó temas sensibles para el gobierno de Daniel Ortega como los derechos humanos.
En otra parte de aquel discurso, Powers, con su lenguaje suave, dijo que anhelaba que en Nicaragua la gente pudiera “trabajar y lograr un nivel de vida digno para criar a sus hijos en un ambiente seguro y saludable y hacer prosperar sus negocios sin corrupción y sin excesiva interferencia gubernamental”.
Con discursos así, tocando temas puntuales pero sin confrontarse abiertamente con el Gobierno, como varios de sus antecesores, Powers, se relacionó con todos los sectores del país
“Ella vino a hacer las labores que la mandó hacer su gobierno y yo supongo que lo hizo bien. Ella mantuvo sus relaciones con la comunidad empresarial y el Gobierno”, dijo el excanciller de Nicaragua, Norman Caldera.
Mauricio Díaz, exembajador de Nicaragua en Costa Rica y diputado en el Parlamento Centroamericano, sostiene, en cambio, que Powers fue muy discreta, fiel a la política exterior del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
“Fue invisible en temas ligados a la ruptura del orden democrático, en el irrespeto al voto ciudadano en las elecciones pasadas y en el irrespeto a derechos humanos básicos. Debemos tomar conciencia de que los nicaragüenses estamos ahora huérfanos de la presencia de los Estados Unidos en estas materias”, dijo Díaz.
Díaz reconoce, sin embargo, que Powers amplió su trabajo al campo de la cooperación económica.
“Powers mantuvo contacto con todos los sectores de Nicaragua, viajó mucho al interior del país y eso fue positivo porque le permitió conocer nuestra realidad y rompió con el estilo de los diplomáticos norteamericanos anteriores de estar interviniendo en asuntos políticos”, valoró José Pallais, ex viceministro de Gobernación y exlegislador liberal.
A juicio de Pallais, Powers se mantuvo aislada de todos esos vericuetos políticos que han sido tradicionales en las relaciones de anteriores embajadores.
NUEVA EMBAJADORA
Phyllis Powers se jubila después de 37 años de servicio en el Departamento de Estado.
Asumió su cargo en mayo del 2012 y concluyó el pasado miércoles.
La sustituta de Powers es Laura Farnsworth Dogu, que viene de ser la número dos en la Embajada de Estados Unidos en México.
Farnsworth Dogu asume como embajadora el próximo 28 de septiembre.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A