En nuestro quehacer en una firma de abogados con oficinas en diferentes países de Centroamérica hay muchos temas que hemos visto constantemente y despiertan interés, particularmente nos ha llamado la atención la posición y en algunos casos la resistencia de accionistas, directores, gerentes, financieros, contadores o ejecutivos (en adelante “empresarios”) respecto a llevar Estados Financieros y auditar las operaciones de las empresas que dirigen. Asimismo, la complejidad que encuentra el personal de auditoría para poder hacer sus labores en ciertas empresas o con ciertos empresarios.
Hemos visto la resistencia empresarial a que se revisen por un tercero especializado (incluso siendo auditorías privadas) sus libros corporativos, sus documentos o contratos, sus procesos, sus declaraciones y pagos de tasas e impuestos, su quehacer reflejado en los Estados Financieros. Es así que hemos encontrado que muchas empresas o empresarios no llevan Estados Financieros, menos aún auditados.
Sin embargo, hemos visto que los empresarios reflejan satisfacción personal y corporativa cuando han pasado exitosamente un proceso de auditoría con expresiones como “Somos una empresa auditada por …”, de ahí que podríamos inferir que la resistencia no es a la auditoría en sí, sino al proceso de exponer a terceros cómo desarrollan su trabajo, cómo lo documentan, cómo llevan sus libros, sus deudas, ingresos, egresos, distribución accionaria, directiva, inversiones, negocios a desarrollar, estrategias, etc. Resistencia a ser parte de esa evaluación y dictamen que se debe hacer atendiendo a normas de contabilidad y normas legales conforme con estándares preestablecidos por un tercero que en muchos de los casos no está en el día a día del negocio o conforme a reglas internacionales, como el caso de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF).
Obviamente habrá frustración cuando los resultados de las auditorías reflejan que lo revisado no se ajusta a los parámetros requeridos, es decir, no se ajusta a las normas de auditoría o la ley; por lo tanto el dictamen de auditoría se emitirá con una serie de notas de advertencias o con un resultado negativo para la administración.
Los auditores generalmente indican que buscan la “sustancia” de las operaciones, los abogados decimos que le damos “forma” a los actos y negocios, de ahí que la sustancia y la forma deben estar alineadas para que un dictamen de auditoría indique que los Estados Financieros Auditados reflejan razonablemente cómo se está administrando el negocio.
Este tema es amplio para abordarlo, no obstante, quisiéramos exponer la importancia de la buena práctica empresarial de llevar Estados Financieros y que estos reflejen cómo se llevan los libros, el registro de las deudas, ingresos, egresos, cuentas por cobrar, cuentas por pagar, distribución accionaria, junta directiva, reservas, las inversiones, los negocios desarrollados, en general los activos y pasivos (patrimonio), etc., y mejor aún si estos estuvieran “auditados”, porque esto será la mejor evidencia de cómo se lleva la administración y la evidencia de la transparencia y legalidad con que trabaja la empresa.
En los sectores económicos donde más transparencia se requiere para los empresarios, como lo es el sector financiero, por ley existe obligatoriedad para las empresas de llevar Estados Financieros mensuales y de auditarlos anualmente. Esta obligatoriedad no es antojadiza, sino que corresponde con la buena práctica de tener un documento parametrizado que evidencie mes a mes y año a año cómo va desarrollándose la administración y dirección de la empresa y sus negocios.
Llevar Estados Financieros y auditarlos tiene un costo, no obstante, es el costo para que las empresas o los empresarios tengan una carta de presentación frente a clientes, proveedores, acreedores, reguladores, ejecutivos, directores y accionistas; carta que incluso será necesaria para explorar nuevos mercados, financiarse por mecanismos no tradicionales como la emisión de deuda o acciones en bolsa de valores, lo cual es práctica común en países y economías desarrolladas.
Para los empresarios la trasparencia debería de ser un fin, pues abre un abanico de opciones y oportunidades en diferentes direcciones que de otra manera no sería posible para ellos tener en el radar. La transparencia se evidencia en los Estados Financieros, e insistimos, mejor si son auditados, pues estos deberán reflejar el estado patrimonial, la administración y dirección de la empresa.
El autor es Socio Director de García & Bodán Managua
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