Como si el temor, hambre, sed, preocupación y cansancio no fueran prueba suficiente, nuevos retos se presentan para aquellos que recorren los 1,600 kilómetros hacia Europa: lluvias torrenciales y lodo espeso.
Unos siete mil migrantes, incluidas varias familias con niños pequeños, desafiaron las fuertes lluvias de ayer para cruzar la frontera norte de Grecia a Macedonia, en lo que la policía griega dijo que es el mayor grupo visto hasta ahora.
Al mismo tiempo, unos cinco mil migrantes, muchos de ellos refugiados que huyen de los conflictos en Oriente Medio, llegaron en las últimas 24 horas a la frontera entre Serbia y Hungría, una cifra récord, según la televisión estatal (RTS).
En la ciudad griega Idomeni, grandes grupos se reunieron antes del amanecer, utilizando cualquier cosa que pudieran encontrar —plásticos, bolsas de basura, chamarras con gorro, incluso una sombrilla de playa— en un intento en vano por mantenerse secos. Los zapatos deportivos se enterraban en el lodo. La lluvia goteaba de gorros y capuchas. Todos estaban empapados hasta los huesos.
El gran flujo de gente llegó luego de que las autoridades griegas registraran a 17,000 personas en apenas unos días en la isla de Lesbos, permitiéndoles continuar su viaje hacia otros países europeos.
ALIVIAR HACINAMIENTO
El gobierno interino de Atenas alquiló dos transbordadores adicionales y envió personal extra a Lesbos para agilizar el proceso de registro y aliviar el hacinamiento en la isla, donde llegaron a concentrarse más de veinte mil refugiados y migrantes en condiciones precarias tras arribar a la costa en lanchas procedentes de la vecina Turquía.
Grecia, Italia y Hungría se han visto abrumados este año, en especial este verano, por la oleada de refugiados y migrantes que buscan seguridad en Europa. La gran mayoría de los que llegan a Grecia son sirios que huyen de la guerra civil de su país, les siguen afganos.
En Hungría los refugiados intentan atravesar lo más rápidamente posible el país, antes de la entrada en vigor el 15 de septiembre de una nueva ley antimigrantes que permite el despliegue del ejército en la frontera y prevé penas de prisión para quienes la atraviesen ilegalmente.
De momento, miles de migrantes siguen desafiando a diario a la policía húngara al atravesar la frontera desde Serbia, pese a la construcción este verano boreal de una valla con alambradas a lo largo de los 175 kilómetros de línea divisoria con este país. Una segunda valla, de cuatro metros de altura, está en proceso de construcción.
EE. UU. ABRE SUS PUERTAS
El presidente estadounidense, Barack Obama, ordenó a su gobierno recibir como mínimo a diez mil refugiados sirios durante 2016, anunció ayer la Casa Blanca. EE. UU. solo ha acogido unos 1,500 sirios desde que estalló la guerra civil en ese país hace cuatro años. Estados Unidos acepta cada año a unos setenta mil refugiados de conflictos bélicos o perseguidos, pero actuó lentamente en el caso de los sirios. Refugiados de Siria y su región tienen que pasar por controles de seguridad estrictos para detectar a extremistas incluso después de ser registrados por Naciones Unidas.
DIVISIÓN EN LA U.E.
La Unión Europea, formada por 28 naciones, busca planes de apoyo para distribuir a doscientos mil personas entre sus miembros, pero se enfrenta a la fuerte resistencia de algunos países. La mayoría de los refugiados se dirige a las naciones más prósperas como Alemania o Suecia.
El Consejo Europeo para los Refugiados y Exiliados dijo que cinco países de la UE se hacen cargo del setenta por ciento o más de los que buscan asilo en Europa: Alemania, Francia, Hungría, Italia y Suecia.
Minos Mouzourakis, del consejo, dijo que “fue el mismo caso en 2014, y estas discrepancias y desigualdades en la distribución se han agravado este año”.
Varios países de Europa oriental y bálticos, como Hungría, Eslovaquia, Polonia y República Checa, rechazan cualquier imposición de cuotas obligatorias de refugiados. Rumania se sumó ayer a este listado de naciones.