El grupo de muchachos que el pasado viernes provocó el más grande estallido de júbilo, sorpresa y admiración que la historia de nuestro futbol recuerde saltará a la cancha hoy, con la misión de asestar el golpe final que le permita completar su obra.
El viernes Nicaragua dio su salto más elevado en futbol, al vencer 3-2 a Jamaica en Kingston, en una demostración ferviente de carácter, determinación y deseos de trascender. También mostró disciplina táctica y agresividad. Y se defendió con vigor cuando se vio acosada.
Hoy, frente al mejor escenario que un renovado entusiasmo puede construir, el equipo irá en busca de otra victoria improbable ante un rival superior, contra el cual jugó con agallas, con firmeza y con fe, mientras disipaba el escepticismo e ilusionaba el corazón de un país entero.
Aquella noche en Kingston el equipo venció sus temores y tocó las estrellas. Hoy necesita volver a intentarlo. Ahora más que nunca es urgente lo mejor de cada jugador para ir tras una victoria que podría tener una pendiente más empinada. El rival está herido, no muerto.
Hoy se necesita a un Juan Barrera “más iluminado” que nunca, a un Carlos Chavarría más veloz en sus galopadas, a un Franklin López con más control del tiempo y a un Fernando Copete más infranqueable, a Manuel Rosas más preciso todavía y a Justo Lorente solvente.
Se necesita a todo el equipo como un solo puño, unido. Y ser equipo no es estar todos vestidos del mismo color, sino moverse en la misma dirección y con la mirada en un mismo objetivo. Ellos lo saben hacer. Henry Duarte se los ha enseñado y lo han aprendido.
Y detrás de ellos estará todo un pueblo que ahora ha aprendido a quererlos.