Carlos Alberto Montaner

La hora terrible de los hombres fuertes

Las calles de América Latina se han llenado de personas que protestan airadamente contra sus gobiernos. Las protestas son contra gobiernos de izquierda (Venezuela —el peor de todos—, Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile, Nicaragua y Argentina); contra los de centro (Perú y México); y contra los de derecha (Guatemala y Honduras). Seguramente se sumarán otros en el camino.

Quienes recorren las calles en América Latina se quejan, esencialmente, por uno, varios o todos de los siguientes 12 motivos: la corrupción, la ineficiencia, la inseguridad frente a los delitos violentos, la impunidad de los criminales, la subordinación de los otros poderes republicanos —el legislativo y el judicial— a la voluntad del ejecutivo, el descarado cambio de las reglas para mantenerse en el poder indefinidamente, la violación de los derechos humanos, las trampas electorales, el control sobre los medios de comunicación, el desabastecimiento, el atropello de los derechos previamente concedidos a gremios o pueblos primigenios y los irresponsables maltratos al delicado ecosistema.

El fenómeno es gravísimo. La percepción general es que en la región se gobierna terriblemente mal, lo que en parte explica el secular atraso relativo. Se ha roto el contrato social entre gobernantes y gobernados y estos últimos les niegan su consentimiento a los primeros. Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.

En la concepción republicana todos somos iguales, estamos obligados a cumplir las leyes, no podemos hacer constituciones o dictar leyes a gusto de una camarilla abusadora, las elecciones son para organizar los mecanismos colectivos de toma de decisión y no para legitimar a unos mandamases corruptos.

Asimismo se supone que los políticos y funcionarios obtengan sus cargos y asciendan y se mantengan en ellos por sus méritos y no por sus relaciones. Se trata de servidores públicos que llegan al Gobierno para cumplir con el mandato que le ordena la sociedad que los ha elegido. No los han seleccionado para mandar, sino para obedecer. Esa, al menos, es la teoría.

Y la teoría no está equivocada. Los latinoamericanos la hemos violentado hasta hacerla fracasar.
La han violentado los malos empresarios, quienes, en contubernio con los gobernantes, se reparten las rentas y les cierran el camino a los actores económicos carentes de padrinos o incapaces de incurrir en sobornos.

Se han burlado de ella los gremios y sindicalistas que negocian privilegios con el poder a sabiendas de que les hacen casi imposible a los jóvenes entrar en el mercado laboral.

Le han hecho mucho daño ciertos religiosos de todos los rangos, ciertos periodistas palabreros y ciertos profesores radicales que condenan la búsqueda del triunfo personal, como si lograr el éxito económico en la vida —logro viene de lucro— fuera delito y pecado.

Por supuesto que el diseño republicano funciona y es correcto. Lo vemos en la veintena de países más prósperos y libres del planeta. Unos son repúblicas y otros son monarquías parlamentarias, pero todos aceptan las normas esenciales del Estado de Derecho parido por la ilustración y perfeccionado por las revoluciones liberales.

Entre esas naciones exitosas unos gobiernos son liberales que renunciaron al anticlericalismo de los primeros tiempos, mientras otros son socialdemócratas que se despojaron de las supersticiones del marxismo, democristianos carentes de fanatismo religioso y conservadores que abandonaron el regusto por la mano dura y el culto desmedido por el orden.

A veces integran coaliciones, a veces se adversan en el terreno político, pero siempre se suceden democráticamente en el ejercicio del poder. Forman parte de una misma familia política presidida por la tolerancia, surgida de las revoluciones americana y francesa, aunque dividida por un factor importante, pero no vital ni irreconciliable: la intensidad y destino de la carga fiscal, lo que determina el tamaño y las responsabilidades que cada grupo le atribuye al Estado.

No incluyo en ese linaje a comunistas, fascistas y autoritarios de todo pelaje —militaristas, ultranacionalistas, fanáticos religiosos— porque no creen en la virtud de convivir con el que es diferente y respetarlo ni en el pluralismo inherente a toda sociedad ni en la alternancia democrática en el Gobierno, como demuestra el infinito rastro de cadáveres que han dejado en sus esfuerzos por conservar el poder.

Es conveniente que los latinoamericanos aprendamos de una vez una lección bastante obvia: la estructura republicana es muy frágil y solo se sostiene a largo plazo si las sociedades son capaces de segregar gobiernos que acepten y cumplan las reglas que le dan sentido y forma a esa manera de organizar la convivencia. O gobiernan bien o todo se va a bolina.

Cuando gobiernan mal, sobreviene primero la generalizada sensación de fracaso y luego los caudillos, los militares de ordeno y mando, los revolucionarios iluminados, y se enseñorean sobre nuestros pueblos agravando todos los males que juraban arreglar. Esa es la hora terrible de los hombres fuertes.

El autor es periodista y escritor. Su último libro es la novela Tiempo de Canallas. ©FIRMAS PRESS.

COMENTARIOS

  1. nicasio
    Hace 11 años

    Cuanta sabiduría, aprendamos, leamos con atención los nicaragüenses para ver el origen de nuestro mal

  2. El analista
    Hace 11 años

    Yo creo que el planteamiento del señor Montaner es correcto. Somos los pueblos los que debemos ser duros con los abusivos, que utilizan los sistemas democráticos para convertirse luego en dictadores, criminales y ladrones. Debe trabajarse en esa línea para evitar lamentaciones y procurar que los servidores públicos cumplan con sus obligaciones y sean severamente castigados cuando se sirvan del puesto para enriquecerse y hacerse imprescindibles.

  3. Raquel
    Hace 11 años

    Sr.Cabezas la Democracia la tienen que buscar, exigir los pueblos con su voto respetado no violado como desgraciadamente ocurre en todos esos paises, no tienen mas que voltear la casa hacia el Norte y ver la gran Democracia que existe gracias a Dios en los Estados Unidos de Norteamerica.
    El escritor en este caso el Sr.Montaner no hace mas que crear conciencia en todos esos pueblos con sus escritos muy acerados.

  4. Hace 11 años

    No hay hombres fuertes,sino que hay hombres que se creen fuertes como Alejandro Magno, Adolfo Hitler y otros similares, su fortaleza consiste en:gran poder económico, político y militar, pero no tienen el poder de vivir eternamente y darse cuenta que sus planes terrenales de alguna manera fenecen junto con ellos.Sufren o estan invadidos de ambición desmedida,egolatría,etc, en resumen:falta de conciencia.

  5. onofre gutierrez
    Hace 11 años

    Como casi siempre. Dejan y quedan fuera de la enumeración de defectos la mausencia de programas de gobierno dedicados a la superación de la pobreza. Es que a todos – escritores y gobernantes, politicos y analistas- ignoran conciente o inconcientemente la ausencia de programas inclinados hacia las clases menosm favorecidas. Es decir, la falta de cristianismo en la vida pública como lo viene denunciando el Papa Francisco. ¿Por qué? Es que los pobres mno importan. No cuentan.. ¿Really?

  6. Luis Masís
    Hace 11 años

    Hombres «fuertes» cuya mayor debilidad es su apego al poder y la corrupción subsiguiente. El apego al poder es fuente de corrupción.

  7. Hace 11 años

    Sr.Montaner: muy cierto lo que Ud expresa. Pero como escritor solo ofrece generalidades. Favor indicar soluciones practicas que se puedan ejercer en la realidad. Todos escriben y pronuncian discursos sobre situaciones de dictaduras y tiranias. Nadie indica como combatirlas y lograr establecer democracia y libertades en todos estos paises: Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Corea del Norte, China, etc. Se necesita un Manual Practico de Democracia y Libertad.

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