La realización en Puerto Rico del Primer Encuentro Nacional Cubano, el fin de semana pasado, fue prácticamente ignorada ante las noticias de la visita de John Kerry a La Habana para izar la bandera de EE.UU. en su embajada en Cuba.
Sin duda que la normalización de relaciones de EE. UU. con Cuba es un hecho histórico trascendental, que traerá consecuencias previsibles e insospechadas. Y es comprensible que las versiones oficiales predominen en las noticias y comentarios internacionales. Lo malo es que casi nada se dice de que este proceso es incompleto, sin un acuerdo paralelo para normalizar la vida política de Cuba en el marco de la libertad, la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho, valores universales que son tan válidos para Cuba como para EE. UU.
El régimen castrista tenía que haber sido comprometido a abrir un proceso de reformas democráticas en el país, a cambio de los grandes beneficios económicos y políticos del reconocimiento de EE. UU. Por el contrario, la represión se ha incrementado desde que el presidente Barack Obama anunció su entendimiento con el dictador Raúl Castro, en diciembre del año pasado. Solo el pasado fin de semana, al concluir John Kerry su visita oficial a Cuba, 130 activistas de la oposición cívica de Cuba fueron encarcelados en las provincias de La Habana, Santiago y Guantánamo.
Los demócratas cubanos de dentro del país y del exilio, denuncian la falta de balance en el acoplamiento de EE. UU. con Cuba, pero sus voces son silenciadas por el poder, la exclusión y la ambigüedad política. Solo algunas personas y medios democráticos que no se acomodan a lo políticamente correcto, se hacen eco de esas voces de la otra Cuba que son dignas de mayor atención.
En el Primer Encuentro Nacional Cubano que se realizó el fin de semana pasado en San Juan de Puerto Rico, participaron representantes de 23 organizaciones democráticas del interior de Cuba y de 32 en el exilio. Estuvieron presentes inclusive un sacerdote católico, el padre José Conrado, párroco de la iglesia de Santa Teresita de Jesús de Santiago de Cuba; y el pastor bautista Mario Félix, de la provincia central de Villa Clara.
Después de analizar la situación de Cuba y su futuro, desde la perspectiva de la lucha por democracia y los derechos humanos, los firmantes de la Declaración de San Juan dejaron establecido que no pueden ser negociables principios como los de “La libertad incondicional de todos los presos políticos y la derogación de todas las leyes que atenten contra las libertades fundamentales. La libertad de expresión, de prensa, de asociación, de reunión, de manifestación pacífica, de profesión y religión. (y) La participación del pueblo en toda decisión de la nación, la legalización de todos los partidos políticos y las elecciones libres y pluripartidistas”.
Los participantes en el Primer Encuentro Nacional Cubano también se comprometieron a desarrollar una campaña por un plebiscito vinculante, en favor de elecciones libres, justas y plurales, y promover la estrategia de la lucha no violenta y la desobediencia civil.
El pueblo cubano merece la democracia, está luchando por ella y de seguro la conquistará tarde o temprano.