A través de una mirada al pasado el niño Setico descubre la historia oculta de la Costa Rica de 1948, donde perecieron su padre y otros prisioneros políticos acusados de comunistas y ser una amenaza para la seguridad. LAPRENSA/fOTOS CORTESÍA/La Pecera y Ceibita Films

Muertes de Limón al cine

Este documental ejerce un rol importante en la construcción de memorias sobre la historia reciente de Centroamérica y tiene la capacidad de integrar culturas orales, impresas y audiovisuales.

Este documental ejerce un rol importante en la construcción de memorias sobre la historia reciente de Centroamérica y tiene la capacidad de integrar culturas orales, impresas y audiovisuales.

Dirigido por Antonio y Ernesto Jara Vargas, El codo del diablo, documenta y rememora el asesinato de seis líderes políticos y sindicales costarricenses en Limón, Costa Rica en 1948. Fue premiado como el Mejor documental en el Festival de Cine Centroamericano Ícaro 2014.

Federico Picado, Tobías Vaglio, Lucío Ibarra, Octavio Sáenz, Álvaro Aguilar y Narciso Sotomayor, fueron miembros del partido Vanguardia Popular en la provincia de Limón, en el caribe costarricense, lugar en que ocurrieron todos los asesinatos.

Su liderazgo emergió desde 1934 a través de las huelgas bananeras. Aguilar pertenecía a la facción Calderonista en el poder desde 1940 y derrotada en la guerra civil de 1948. Por último, Sotomayor era un nicaragüense miembro de la Legión del Caribe.

Años de terror y miedo

La década de 1940, oficialmente se conoce como de reformas sociales, guerra civil y eliminación del Ejército por parte de la Junta de Gobierno que presidió José Figueres.

Como sabemos, esta decisión ha tenido enormes repercusiones en la representación de Costa Rica como una nación cívica distanciada del militarismo que ha caracterizado a otras naciones centroamericanas.

Sin embargo, como bien argumenta en el documental la historiadora Mercedes Muñoz, la eliminación de las fuerzas armadas no trajo consigo la desaparición inmediata de la cultura militar.

La labor documental que emprende El codo del diablo es mostrarnos una parte olvidada por el discurso de la Costa Rica cívica y no violenta. La abolición del Ejército coexistió con la ilegalización, criminalización y persecución del comunismo.

La eliminación política y física de los seis líderes respondió a la retórica de que sus vidas eran prescindibles porque el comunismo constituía una amenaza para la seguridad nacional.

Por tanto, la cultura militar continuó manifestándose como ejercicio de terror y miedo sobre las ciudadanías. Por ello, además de callar el discurso crítico de los opositores, el asesinato de los seis líderes políticos y sindicales constituyó una operación pedagógica de los comportamientos que no serían tolerados en el país.

Posicionar la labor documental en un contexto tan importante para el siglo veinte costarricense hace de El codo del diablo una pieza audiovisual que expone el civismo y la no violencia como mitología nacional. En consecuencia, hace de la interrogación del pasado una ruta de reflexión sobre el presente.

El título del documental reafirma la postura de interrogación al pasado, al señalar el nombre del sitio en que ocurrieron los fusilamientos de los seis líderes políticos y sindicales. Además, la labor documental convierte el espacio geográfico en lugar de memoria.

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Recurre a la memoria como estrategia que permite transitar del presente al pasado, e interrogarlo para discutir la cultura de olvido y silencio de una sociedad que ha crecido alrededor de la mitología de la no violencia, como antes señalé.

Archivo que interroga

El codo del diablo es también un ejemplo de cómo se configura el archivo que interroga el pasado.

El documental conjuga fuentes orales e impresas. Los testimonios orales de los familiares de los líderes asesinados guían el relato documental, conjugándose con fuentes hemerográficas de la época, fotografías, audiovisual y archivos judiciales.

La función de las fuentes impresas en el formato audiovisual es reforzar el estatuto de verdad de los testimonios orales. La labor documental se apoya también en la fotografía como archivo con estatuto de verdad y autoridad epistémica sobre el pasado.

La fotografía es soporte y apoyo para localizar hechos, nombrar personas, sitios, momentos. Es soporte de veracidad de quién estuvo y ocupó un lugar en esta historia.

En este sentido, El codo del diablo se distancia del giro subjetivo del cine documental Latinoamericano sobre memoria y muestra una preocupación por el estatuto de veracidad de la memoria en tensión con la historia.

Reviven historia de crimen

La memoria de los familiares de los seis líderes asesinados es la acción disparadora de la interrogación al pasado. Su memoria subvierte los mitos nacionales y propone una cultura de memoria en lugar de una de olvido y silencio.

Tal y como señala uno de los familiares que brindan testimonio, ellos hablan de las ‘cosas feas’ que no salen en la ‘cartilla de historia’. Cómo no recordar, en alusión a las ‘cosas feas’ de la historia, el pasaje de Susan Sontag en Ante el dolor de los demás cuando nos invita a “permitir que las imágenes atroces nos persigan” (Sontag 133).

Al hablar de las cosas feas que no se imprimen en los textos de historia, el testimoniante no se refiere solamente al asesinato de su padre, sino también a la violencia contra los y las trabajadoras en las plantaciones bananeras, algo que me hizo recordar Prisión Verde, de Ramón Amaya Amador, novela que denuncia el carácter de enclave concentracionario de las plantaciones bananeras en el norte de Honduras.

La mención a Honduras nos recuerda la metáfora de Banana Republics como signo del empequeñecimiento y apropiación de las identidades regionales como espacios administrables y consumibles como tentempié.

Quiero regresar a la familia como sujeto de memoria. Decía que la familia es el sujeto de memoria que combate la cultura de olvido y silencio, y la actitud pasiva con respecto al pasado.

A contrapelo, El codo del diablo indaga sobre la familia como sujeto con capacidad de interrumpir esta cultura y posicionar una cultura de memoria en el espacio público-nacional.

En específico, el documental hace esto de dos maneras: la primera es registrando la carencia, el vacío del padre, esposo o abuelo. La segunda es potenciando tal carencia en recuerdo y en modelo de ética ciudadana.

 El documental El codo del diablo  de Ernesto Jara Vargas y Antonio Jara Vargas,  interroga historia de Costa  Rica.
El documental El codo del diablo de Ernesto Jara Vargas y Antonio Jara Vargas, interroga historia de Costa Rica.

Ambas hacen converger lo privado con lo público; lo íntimo con lo político. Por ejemplo, la memoria convierte el vacío personal en vacío nacional. La búsqueda de venganza se convierte en anhelo de justicia familiar y nacional.

De la mano de la familia como sujeto de memoria camina el reto de la transmisión generacional del pasado de violencia política.

“Justicia poética”

El cine documental aporta a promover una cultura de memoria en torno a la violencia política en la que puedan reconocerse las nuevas generaciones que no vivieron este pasado y que tampoco estuvieron cerca de él.

La familia como sujeto de memoria y la construcción de una cultura de memoria son dos apuestas de El codo del diablo y me atrevo a afirmar, del cine documental centroamericano interesado por la historia de violencia política en la región.

Ambas apuestas adquieren mayor importancia en contextos en los cuales la justicia procedimental y estatal no ha juzgado ni señalado responsabilidades.

En panoramas como este, el cine documental funciona como justicia poética, esto es, una intervención cultural que define responsabilidades y visibiliza ciudadanías afectadas.

Revela lado oscuro

El documental El Codo del Diablo se proyectará jueves 20 de agosto a las 9:30 am., en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, UCA. Luego habrá un conversatorio con el codirector del filme, Antonio Jara Vargas.

Esta producción de Pecera y Ceibita Films fue realizada en Costa Rica por Ernesto Jara Vargas y Antonio Jara Vargas, y devela el lado oscuro, ocho meses después de acabada la guerra civil en Costa Rica, en 1948.

Federico Picado Sáenz, diputado del partido Vanguardia Popular en la provincia de Limón, es encarcelado varias veces. Luego, junto a otros cinco prisioneros llevado de la cárcel de Puerto Limón hasta la Penitenciaría Central en la capital.

Su hijo Setico, de doce años, se da cuenta; la madre del niño le pide tome el próximo tren a San José y que indague el paradero de su padre.

En el viaje el niño lo recuerda y se pregunta: ¿Por qué no los dejan vivir tranquilos? ¿Por qué hay gente que lo odia? Este filme documenta la violencia oculta de la Costa Rica de 1948. Ver programación del Festival Ícaro Nicaragua: https://www.facebook.com/festivalicaronicaragua/timeline

Cultura Centroamérica Documental historia archivo

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