En LA PRENSA del 11 de agosto, el presidente del Cosep publicó un artículo titulado La fortaleza en cifras , en el cual afirma, sin demostrarlo, que las cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN) ni están mal ni han sido manipuladas. Y acusa severamente que afirmar lo contrario obedece a una campaña cuyo objetivo es generar desconfianza en los inversionistas.
Es una forma cristalina de un proceder burocrático, mezcla de amenaza y de chantaje, para eludir, con actitudes prepotentes, propias de un sector intelectualmente reprimido, un debate transparente sobre un problema que afecta la credibilidad de la información macroeconómica.
José Adán Aguerri, en ese escrito parece que no entiende que el error del BCN no se origina en un cambio de metodología. Y que el BCN no logra superar consistentemente el problema en que se ha metido para sincerar coherentemente las cifras sobre las Cuentas Nacionales y el valor agregado de distintos sectores de la economía.
¿En qué consiste el error? El doctor (Adolfo) Acevedo lo ha explicado muy bien. Habría un doble error. Uno banal, con graves consecuencias contables, y otro de mala fe.
El primero, que resulta más evidente con el cambio de metodología de las Naciones Unidas, es que si las Cuentas Nacionales están alteradas, porque a las exportaciones de las zonas francas no se les sustrae las importaciones que le corresponden a este sector, entonces, se produce un desequilibrio contable respecto a la Balanza de Pagos (ya que estas sí incluyen el valor de las importaciones de las maquilas) y con el PIB de las zonas francas (ya que visto por el lado de la demanda, el PIB incluye, también, la demanda externa neta, o sea, el déficit en cuenta corriente: exportaciones menos importaciones).
Al subvalorar este déficit en las zonas francas (por no incluir las importaciones del sector), automáticamente el PIB de las zonas francas se ve artificialmente sobreevaluado (si es que en el valor de las exportaciones no se ha tomado la precaución elemental, en este caso, de considerar únicamente el valor agregado neto, sino, que se ha tomado el valor bruto). Y ello se corrige con aparente facilidad si se adopta, ahora coherentemente, la nueva reclasificación metodológica de las Naciones Unidas. Corregir este error no produce ningún cambio real en la estructura económica.
Pero, el segundo error, inexplicable, es que el PIB total, sobrevalorado, no cae en las cifras del BCN en la misma magnitud de la corrección del valor del déficit en cuenta corriente de las zonas francas, sino que el BCN alteró, también, el resto de valores agregados individuales de cada uno de los distintos sectores de la economía, sin que se sepa cómo y por qué. Y esto sí equivale, en cifras macroeconómicas, a un supuesto cambio estructural de la economía.
Esto es lo que debió explicar Aguerri en su artículo, en lugar de fanfarronear como cogobernante virtual del régimen corporativo que rige el país.
Escribe Aguerri: “Me ha tocado trabajar muy de cerca con el Banco Central, para tener la información estadística oportuna que nos ayude a analizar la economía y a buscar su crecimiento”. Una Cámara de industrias o de empresarios no es un centro de planificación de la economía, mucho menos en un régimen corporativo de carácter cuasi feudal.
Subraya Aguerri: “Es una obligación de este Banco Central adaptar las estadísticas al cambio estructural de la economía del país”. Aguerri debería revelar cuáles son esos cambios objetivos de la estructura económica. La estadística no debe más que reflejar, de la mejor manera, la realidad. La realidad viene maquillada por cifras erradas, si suponen cambios estructurales de la economía —un incremento en el valor agregado y en la productividad— cuando no los hay.
Insiste Aguerri: “Es imposible desarrollar estadísticas siempre válidas por las condiciones permanentemente cambiantes tanto de la economía nacional como de la economía mundial”. Esto es un disparate. La estadística sirve, precisamente, para revelar apropiadamente los cambios reales, tanto en la economía nacional como en su interrelación con la economía mundial.
Concluye Aguerri: “Un cambio metodológico provocó un mejor sistema de medición de la economía nacional”.
Obviamente, para corregir un descuido grosero, no se requiere un cambio de método, basta percatarse del error.
El autor es ingeniero eléctrico.
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