Los disidentes cubanos, hasta ahora centro de las políticas de Estados Unidos hacia la isla, no serán invitados al histórico izamiento de la bandera estadounidense que encabezará mañana el secretario de Estado John Kerry en la nueva embajada de La Habana.
Un vivo reflejo de cómo la política estadounidense ha cambiado su enfoque con respecto al gobierno unipartidista de la isla. En lugar de ello, Kerry sostendrá una reunión de bajo perfil más adelante con algunos prominentes activistas, dijeron funcionarios.
El gobierno cubano considera a sus opositores locales como mercenarios traidores al servicio de Estados Unidos.
En momentos en que los dos países se acercan para restaurar sus relaciones, Cuba ha dejado de reunirse casi completamente con políticos estadounidenses que visiten a los disidentes durante sus viajes a La Habana.
DILEMA
Eso significó un dilema para los funcionarios estadounidenses que organizan la ceremonia de reapertura de la Embajada frente al malecón de La Habana.
De invitar a los disidentes hubieran corrido el riesgo de un boicot por parte de las autoridades cubanas, incluidas aquellas que negociaron con EE. UU. desde que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro declararon la distensión el 17 de diciembre.
Excluir a los disidentes sin duda provocará fuertes críticas de los opositores a las nuevas políticas de Obama, incluido Marco Rubio, aspirante a la nominación republicana a la Presidencia, quien es de ascendencia cubana.
Funcionarios cercanos a los planes para la primera visita de un secretario de Estado en funciones a Cuba desde la Segunda Guerra Mundial, señalaron a AP que Estados Unidos planea una solución negociada.
Los disidentes no serán invitados en la Embajada por la mañana, pero un pequeño grupo se reunirá con Kerry durante la tarde en la casa del embajador, donde habrá otra ceremonia de izamiento de bandera con menos fanfarrias.