En todos los momentos de nuestras vidas estamos decidiendo sobre situaciones importantes hasta las más ínfimas.
Decidir es una capacidad que se aprende y es tan importante, ya que siempre nos encontraremos entre uno o más caminos que elegir.
En el desarrollo de la personalidad es intrínseco la aptitud, pues será decisivo para convertirnos en lo que queramos ser y va a estar en dependencia de cuán valiente o sabios seamos para poder encontrar el camino correcto.
En relación con la madurez emocional es tan necesario poder tomar control sobre ellas porque será uno mismo el que gobierne si sentirse bien o mal, ser feliz o no, ser auténtica o irreal.
En las relaciones de pareja se torna un tanto complicado el poder de la decisión. Siempre habrá una voz que nos altere la gobernabilidad, esto quiere decir que cuando entran las emociones destructivas a interrelacionarse con la persona, por ejemplo: el miedo a quedarnos solos, no satisfacer gustos o necesidades y deba contradecir mis decisiones.
Habrá momentos en que se debe estar consciente de dar el sí, pero esto no debe ser por siempre, pues sería desleal con uno mismo. Así como cuando se depende de otros y poco a poco empezamos a ignorarnos a nosotros, esto conlleva a que otros opinen y decidan sobre uno.
Poseemos tanto poder cuando compartimos en igualdad, decidiendo o desistiendo, ya sea con la pareja, los hijos o amistades.
Exitoso es todo aquel que tiene la capacidad de dar un no o un sí de forma correcta, esto es poseer la cualidad de elegir sin sentirme menos, culpable, o lastimada.
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