Se abrió el telón y en su interior estaban las fotografías de los nuevos exaltados al Salón de la Fama Nacional, y no eran solo rostros reflejando una historia singular, sino diez personalidades deportivas que entregaron su esplendor al país, sin imaginarse que con el paso del tiempo sus nombres permanecerían en perpetuidad junto a los 217 que yacen en las memorias del recuerdo imperecedero.
Levántense de su silla que Roberto Clemente, Argelio Córdoba, José Castillo, Arnoldo Muñoz, Hernán Flores, Dora Porras, Gerardo Barrios, Manuel Solís, Ronnier Mendieta y Danilo Álvarez han ingresado al lugar sagrado.
Un día de la fama que tuvo el sello del discurso del respetado dirigente deportivo y amigo incondicional de Roberto Clemente, Oswaldo Gil, sobre el otro Clemente, más allá del deportista, el hombre que muchos no conocieron: el Clemente que colocó a un lado el bate, la pelota y el guante, y se vistió de superhéroe, entregando todo incluso su vida, además del baile de Argelio Córdoba, en su aviso que su alma no ha envejecido, aunque sus ideas no estén en el mismo acorde musical y su piel arrugada por el tiempo denote los vaivenes de la vida, su ritmo de bailarín persiste a pesar del cambio de velocidad que ha sufrido por diferentes situaciones.

LAPRENSA/ MAYNOR VALENZUELA
UN GRAN NÚMERO. 227 entre deportistas, personalidades y cronistas deportivos están en el Salón de la Fama del Deporte nicaragüense.
Clemente estaba junto con todo el equipo en el Hotel Intercontinental y pedía que le cambiaran dinero para poder regalarle a los obreros que pasaban. Él se sentía reflejado en ellos y de acuerdo a las necesidades les daba más a unos que a otro. Además fue tanto el apego que Clemente tuvo con este país, que cuando se comenzó a recolectar víveres para enviar a Nicaragua él era el primero que llegaba y el último que se iba en el estadio Hiram Bithorn, rememoró Gil, quien recibió el certificado y medalla en honor al astro boricua.
Cuando el anunciador nombró a Argelio Córdoba para tomar su reconocimiento como miembro del Salón de la Fama, Argelió soltó a sus hijos Sergio y Rafael. El DJ sonó El Boticario, un chachachá versión de los Yucas de México, y Córdoba entregó unos diez segundos de baile, volvió a ser joven y nuevamente sintió lo que es ser reconocido, algo que ya se le había olvidado allá en Chinandega.
En medio de los grandes que ayer entraron al Salón de la Fama hubo dos más gloriosos, que sin tarjeta de presentación viven en el recuerdo y esos son: Argelio Córdoba y Roberto Clemente.

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AGRADECIDOS
En las declaraciones posteriores a la entrega de reconocimientos por haber entrado al Salón de la Fama, cada uno de los condecorados lo primero que dijo fue sentirse agradecido por el valor que les habían dado a la trayectoria de cada cual. También elogiaron al comité elector por escudriñar a fondo en la búsqueda de figuras en todas las disciplinas deportivas.
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