El problema del oro no es simplemente que los precios están cayendo. Para muchos, el metal también ha perdido su carisma.
Esa percepción significa muchísimo en el mercado del oro, donde solo sesenta por ciento de lo que se extrae o recicla cada año se utiliza en joyería y en aplicaciones industriales. El resto se vende como monedas o barras, de modo que cuando la demanda de los inversores se frena, las consecuencias pueden ser dolorosas para los alcistas que quedan.
Los precios caerán hasta 984 dólares la onza antes de enero, según la estimación media en una encuesta de Bloomberg News a 16 analistas y operadores. Esto representaría el nivel más bajo desde 2009.
Los especuladores están tomando posiciones más cortas en el metal por primera vez desde el inicio de los datos gubernamentales estadounidenses en 2006, y los tenedores de productos cotizados están vendiendo al ritmo más acelerado en cuatro meses.
El oro se desplomó en julio, encaminándose hacia la mayor declinación mensual en dos años después de derrumbarse hasta el nivel más bajo desde febrero de 2010. Este retroceso demuestra que el metal ha perdido su atractivo como materia prima y como alternativa a las divisas, según Macquarie Group Ltd.
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