El Baby por derecho propio ya entró a la mitología nicaragüense, lo qué se diga de él es cierto y forma parte de su propia leyenda.
Recordamos al Baby como el amigo chispeante y oportuno. Fiel a sus contradicciones, siempre llevando la contraria, siempre dominado el tema y tratando de ser el centro de la conversación. Autodidacta, con una personalidad plena de adjetivos, el Baby era intrépido, soñador, inseguro, tenaz, audaz, irreverente, a veces temerario, capaz de cualquier cosa, otras tan solo inquieto, construyó realidades a base de ilusiones.
Desde su temprana adolescencia se enrumbó en la aventura y a fuerza de tesón cultivó amistades importantes que iban desde presidentes de la república, hasta magnates empresarios y connotadas personalidades de nuestros círculos sociales.
Fue office-boy de Luis Somoza y siempre buscaba, para denunciarlo, un complot que nunca ocurrió.
Son incontables sus travesuras y anécdotas. El Baby sufrió la dolorosa enfermedad de la polio y de su brazo débil, logró un carácter fuerte, indomable diría yo. Vistió de frac en algunas ocasiones, lució medallas de Luis Somoza en Costa Rica, se transportó en aviones ejecutivos puestos a su disposición. En el exilio demostró su capacidad, inteligencia y creatividad, transformándose en un ejecutivo de primer nivel.
Contratado sin duda alguna para hacer el trabajo non santo. La abundancia golpeó sus puertas, el Baby se volvió poderoso y adinerado. Se llamaba Augusto Cesar y paradójicamente vivió como un Cesar aunque nunca estuvo a gusto.
Sus anécdotas siempre despertarán una sonrisa, fue un personaje del moderno realismo mágico nicaragüense, su figura trascenderá con el tiempo hasta confundir la verdad con el mito.
El Baby con su picardía, será recordado por todos sus amigos y familiares. Aquel Baby del Colonial, donde pedía un vaso de agua, la salsa de tomate y el hielo y le quedaba hecho el refresco. O solo pedía una tasa de agua caliente, una salsa de tomate y ya le quedaba la sopa de tomate sin pagar nada a cambio.
El Baby manejando un jaguar con su empresa de fumigación, fiado y nunca cancelado a Alejandro Gómez. El Baby con casco de ingeniero y constructor, trabajando con Pepe Alegrett y alquilando el equipo de la Guardia Nacional. que pertenecía a la Acción Cívica. El Baby de las fiestas de Agosto y del antiguo Club Terraza. El Baby de su apartamento en Brickell en Miami con vista a la bahía.
El Baby personaje en Honduras, viviendo y sin pagar el mejor hotel de la ciudad. El Baby de la Enron entonces la compañía más grande de energía en el mundo. El Baby con la mayor capacidad de ubicación. Estaba en todas partes y no era Dios.
Luego vino el ocaso, la paz que siempre la vida le negó, no la pudo encontrar en Nicaragua y su espíritu auto destructivo empezó a mellar su voluntad de hierro.
Todos los que le conocimos supimos de su angustia y tristeza. Él que lo tuvo todo, empezó a despojarse de todo, hasta terminar para consuelo de él, en la vieja casona rural de la familia, donde amorosamente las manos piadosas de Mike y Roxana y su tía Esperanza, fueron lenitivo y bálsamo en las difíciles horas de su partida final. El Baby murió cristianamente y con dignidad.
Ese mismo Baby, a veces amargado, resentido, creativo… quien se coló en la inauguración de Edificio del Banco de América, después que lo habían desinvitado, bajándose del carro presidencial en compañía de Anastasio Somoza hijo, presidente de la República; y siendo recibidos por toda la Junta Directiva del Banco.
El Baby ya es una leyenda, sus novias aún lo recuerdan. Sus acreedores lo perdonaron. Sus amigos cuentan sus anécdotas, mientras él, desde algún lugar sonríe socarronamente.
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