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Desdoblamiento en la ciudad hormigueante

Pasó hoy que vivencié un desdoblamiento. Eso que los psiquiatras, que ni siquiera conocen en sus carnes el tremor, llaman académicamente “disociación”. Un sentirse ni dentro ni fuera de uno mismo. Un no sentirse, perderse como a la deriva de un vómito galáctico.

Pasó hoy que vivencié un desdoblamiento. Eso que los psiquiatras, que ni siquiera conocen en sus carnes el tremor, llaman académicamente “disociación”. Un sentirse ni dentro ni fuera de uno mismo. Un no sentirse, perderse como a la deriva de un vómito galáctico. Es una sensación sin adjetivos y acaso es eso lo terrible.

No puedo vivir sin adjetivar lo que siento, entonces muero en carne viva. Y esto de estar disociado, en desdoblamiento a pique, me hizo sentir la escalada interior de un derrumbe hacia arriba, el estallido neutro de un morir en vida. Es un instante prolongado en cristaloides vacíos. La nada que te habita decide alejarte de tu cuerpo, expropiarte de la esencia. Una extraña combinación de angustia tranquila y llanto mudo te inunda. El amor quizá te espere justo al lado tuyo y te sonríe.

La ciudad hormiguea, no para, te fingís ciudadano diligente, llamás por teléfono, tomás un taxi, vas a La Villa. Sabés que estás ausente, hueco de todo posible “yo”, mientras el resto del mundo presume de sus yoes firmes, arrogantes de animalidad caminante, asumidos con la seguridad de quien, imbécil, es optimista en su cruel ignorancia. Una calma atroz te carcome. Esta vez no podés quedarte en el carro solo, simplemente hay que salir, esqueletearte peatón rabioso y fantasma. Abrazás a esta mujer que te ama, tal vez la primera vez que te aman… Esa mujer es tu polo a tierra.

Es lo único que te hace seguir. Vas urgido de cosas que no existen, vas desboblándote hacia el nulo embudo de ser libre. Es como si te miraras desde arriba. Respirás de motu proprio. Nihilidad entrante en tus pulmones. Vaciado de down jazz ascendente, ves los rostros frágiles de las bestias humanas citadinas. Algo te dice que todo está como debe ser. Tu consciencia y tus ritmos son de otra especie, otro universo… Definitivo: no pertenecés más a este mundo. Has llegado por fin a tu mundo, ya se sabe, roto, pero tu mundo, esta vez con polo a tierra, esta vez, sin xucsismos, vos, pleno, vos, completo, orate juguetón desdoblado…

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