El niño-oveja

El hombre conducía la moto y la mujer gorda cargaba el bulto, pero se le veían sus zapatitos rojos, su babero y su gorrita de algodón; parecía que llevaba hambre la criatura, que se iba chupando el dedo gordo.

El hombre conducía la moto y la mujer gorda cargaba el bulto, pero se le veían sus zapatitos rojos, su babero y su gorrita de algodón; parecía que llevaba hambre la criatura, que se iba chupando el dedo gordo. “Todo está saliendo perfecto”, dijo la gorda. El semáforo cambió de verde a rojo. El policía sintió algo raro, se acercó y del bulto salió un olor a orín de otra especie. Ni se inmutó, porque ya había oído el cuento que muchas parejas cargaban niños que parecían extraterrestres. Más bien parecía oveja, porque era una mota de algodón, con sus ojitos grandes, nariz húmeda y aplastada, boquita chiquita de labios ralos. El bulto berreó, pero el policía tampoco hizo caso.

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