Joaquín Roy

¿Fin de la tragedia griega?

El contundente resultado del referéndum (60-40 por ciento) griego abrió un nuevo capítulo no solamente en el devenir de la nación helena sino en la propia esencia de la Unión Europea (UE). El futuro del euro, paradójicamente, puede convertirse en un tema secundario. La semana próxima habrá que pasar página a algunos capítulos de la historia europea que se han estado considerando como parte inconmovible del guión.

Habrá que olvidar que en su momento los gobiernos griegos mintieron descaradamente para poder justificar financieramente entrar en el euro. Habrá que perdonar que las autoridades de Bruselas miraron pudorosamente hacia el otro lado porque el país que todavía usaba la moneda más antigua de la humanidad y que había fundado la mitificada democracia no quedara fuera de la fiesta inaugural del capítulo más espectacular de la integración. Habrá que soslayar pragmáticamente la sempiterna costumbre europea de intentar un arreglo al límite, para que al final de una cumbre no salgan vencedores y perdedores: todos deben volver a casa con un triunfo. Esta es una batalla que puede todavía generar notable daño y bajas considerables.

En primer lugar, aunque los porcentajes de la votación reflejaron una victoria evidente del rechazo ante las imposiciones de la Unión Europea, la sociedad griega ha quedado peligrosamente dividida por la alternativa presentada por el primer ministro Alexis Tsipras. Es comprensible que los problemas del pueblo griego en su vida cotidiana no desaparecieran con el resultado del referéndum. Por lo tanto, los que votaron aceptar las condiciones de las instituciones europeas y el FMI le recriminarán a los que respaldaron a Tsipras por los previsibles daños que todos se verán obligados a soportar. Los ganadores de la contienda que votaron por el rechazo pueden sentirse defraudados al ver que la situación económica empeora o no mejora ostensiblemente.

Los líderes de Bruselas, respaldados por el Fondo Monetario Internacional, optan por la negociación, ya que no quieren pasar a la historia en constituirse en actores de un enfrentamiento de consecuencias impredecibles. Y al primer ministro griego no le conviene tensar más la cuerda y por lo tanto ha presentado una oferta que la UE tal vez no pueda rechazar.

El porcentaje refleja que los sectores conservadores y de clase media siguieron la tesis de aceptar las condiciones porque algo tenían. Mientras, por otro lado la mayoría que no tiene nada o lo ha perdido casi todo consideraba que debía seguir la lucha y desdeñar las presiones de la UE. Conviene recordar, por ejemplo, que el porcentaje del referéndum fue incluso superior a los resultados de las recientes elecciones que auparon al poder al dirigente triunfador en el plebiscito de ahora.

Si no llega un nuevo rescate o una reducción espectacular de la deuda, al resultar impotente en satisfacer las demandas de la ciudadanía, el gobierno puede verse obligado a dos alternativas, cada cual peor. Por un lado, puede tener que aceptar humillantemente una urgente ayuda humanitaria de la UE, tal como se ha sugerido. Por otro, se puede mover por la peligrosa senda de solicitar la protección de intereses exteriores, como indicaban recientemente los movimientos hacia Moscú.

Los dirigentes de la UE se pueden ver abocados en cumplir las amenazas vertidas en las últimas horas de la contienda. El presidente del Parlamento Martin Schulz puede verse en la situación incómoda en tener que respaldar con acciones sus argumentos con respecto al castigo al abandono del euro. De ahí que haya plegado velas y se haya decantado por la senda de la negociación.

El dilema de los líderes que tienen más peso en la UE es también preocupante. ¿Cómo quedarían el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk (muy desaparecido recientemente) y el presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker si la mano dura impuesta por Berlín se impusiera? Al revés, ¿cómo van a quedar todos, si ahora se ha sopesado la negociación tradicional y el compromiso clásico?

Una predicción tradicional consiste en que los líderes de Bruselas, respaldados por el FMI, optarían por la negociación, ya que no quieren pasar a la historia en constituirse en actores de un enfrentamiento de consecuencias impredecibles. Al primer ministro griego no le conviene tensar más la cuerda y por lo tanto, ha presentado una oferta que la UE tal vez no pueda rechazar. Por su parte, Merkel y otros dueños de la deuda estratosférica saben que la salida de Grecia del euro garantiza la imposibilidad del cobro.

En la distancia, Estados Unidos ya ha expresado en todo este proceso una preocupación por su evolución. Aparte de que una convulsión económica en Europa no conviene en Washington, dos frentes son pivotes del interés norteamericano en que el daño no se derrame a otras dimensiones cruciales. La primera es la amenaza de la oscilación de una Grecia a la deriva hacia la tentación de un refugio bajo la protección de Rusia. La segunda es la incomodidad de contemplar una UE dividida en su liderazgo y con las alas financieras dañadas en plenas negociaciones para el acuerdo transatlántico de comercio e inversiones. Con líderes indecisos va a ser muy difícil que Obama pueda ejercer su mandato de negociación concedido por el Congreso, con el resultado de que el proyecto si retrase hasta que haya un nuevo presidente.

Finalmente, depende ahora de las decisiones que se tomen en Bruselas y otras capitales europeas para que no se dañe todavía más la esencia de la UE… y del euro, la joya de la corona, y la causa de todo este drama.

El autor es Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

COMENTARIOS

  1. fernando
    Hace 11 años

    No es humillante para Grecia aceptar «ayuda» de los usureros. ¡Todo lo contrario!. La troika no tiene otra alternativa que tragarse la bilis y salir con la cola entre las piernas. Es la troika la que tiene que sentirse humillada de estar en esta situación. Después de todos su gritos y desplantes de poder. Los días de los usureros y ladrones se acabaron. ¡Hay que transar con otros medios de financiamiento mundial que no pongan el bisnes por encima de los pueblos: BRICS, BAII, etc.

  2. fernando
    Hace 11 años

    Vá a ser muy difícil que la troika salga bien parada de todo esto. Los gobiernos sumisos a la troika son historia en Europa y el mundo. Podemos (en España) se muere de ganas de seguir los pasos de Tsipras, y los españoles, que no tienen nada más que perder, parecen decididos a apoyarlos. El efecto dominó es inevitable, creo. No me extrañaría que Rajoy empiece a repartir dinero a manos llenas entre los españoles por el miedo a lo que se le viene encima. ¡Yo estoy feliz!

  3. fernando
    Hace 11 años

    Lo que está en juego con la crisis griega es el precedente que sienta la troika ante el resto de Europa; en realidad, no están en condiciones de ponerse a dictar condiciones. La troika ha venido imponiendo su voluntad durante todo este tiempo, y ahora Grecia, se le planta firme, sin morirse de miedo ante los colmillos de sus acreedores. El resto de Europa (los pueblos, no los gobernantes) observa y saca lecciones de la actitud griega. El imperio de los usureros de la troika se acabó.

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