Acelera el paso, aprieta su cartera y se fija en todos lados. Alejandra Vado no se siente segura cuando cruza el puente ubicado justo a unos metros del semáforo de donde fue la Vicky, en Altamira.
“Con esta oscurana me parece que me va a salir alguien del cauce o de los matorrales. La otra vez había unos hombres escondidos por el puente”, asegura. Y es que en ese punto, como en otros en la capital, las luminarias públicas no funcionan. En ese sitio la luz con la que los transeúntes se guían por las noches pertenece a los negocios cercanos.
En paradas de buses que suelen abarrotarse de ciudadanos, cerca de universidades y en algunas calles de barrios, como el Jorge Dimitrov, el escenario también es oscuro porque las luminarias se dañaron desde hace meses, o años, y no han sido reemplazadas por unas nuevas.
En otras zonas el alumbrado público no ha sido instalado, pero a los habitantes en su factura de energía eléctrica les llega un cobro por un servicio que no reciben.
“No le corresponde a la Alcaldía instalar o darle mantenimiento a esas luminarias, la Alcaldía sí paga cierto porcentaje por esa factura energética porque es parte del ornato de Managua”, explica el concejal capitalino Omar Lola quien asegura que es responsabilidad de la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel) o de la empresa distribuidora del servicio de energía eléctrica.
Sin embargo admite que este tema es parte “de la queja diaria” en los cabildos que se realizan con los habitantes de Managua, quienes lo plantean como un asunto de seguridad ciudadana que no ha sido atendido por las autoridades.
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