Dos locas en fuga

El calibre del talento desperdiciado en la comedia Dos Locas en Fuga da que pensar. La actriz Reese Whiterspoon ofreció una de sus mejores actuaciones como Tracy Flick, la estudiante dispuesta a todo por convertirse en presidenta del gobierno escolar de su escuela secundaria en la sátira política Election (Alexander Payne, 1999).

El calibre del talento desperdiciado en la comedia Dos Locas en Fuga da que pensar. La actriz Reese Whiterspoon ofreció una de sus mejores actuaciones como Tracy Flick, la estudiante dispuesta a todo por convertirse en presidenta del gobierno escolar de su escuela secundaria en la sátira política Election (Alexander Payne, 1999). Y con Legally Blonde (Robert Luketic, 2001) se apropió del estereotipo de la “rubia tonta” para redimirlo. En el otro extremo, la actriz colombiana Sofía Vergara lleva seis años en el elenco de Modern Family, una de las comedias de situación más exitosas de estos tiempos en la TV norteamericana.

Juntas, Whiterspoon y Vergara, asumen Dos Locas en Fuga , una supuesta comedia de dudosa calidad. Cooper (Whiterspoon) es una intensa agente de Policía, relegada a trabajar en el depósito de bienes requisados. Un equívoco tragicómico que la llevó a violentar al hijo del alcalde la deja en ese purgatorio profesional. Su oportunidad de redimirse llega cuando le asignan escoltar a Daniela Riva (Vergara), la esposa de la mano derecha de un capo del narcotráfico, quien ha accedido atestiguar contra su jefe. La comedia trafica sobre estereotipos de feminidad, curiosamente dependientes de la relación que las dos mujeres tienen con hombres. Cooper vive a la sombra de su difunto padre. Es brusca y masculina e incapaz de establecer una relación romántica. Al arrancar la película la vemos persiguiendo a un hombre por las calles de la ciudad. Creemos que es un malhechor, pero en realidad se trata de un pretendiente, huyendo de una cita a ciegas con ella. En contraste, Vergara es un ideal de feminidad. Se identifica como “esposa trofeo”, usa su sensualidad para salirse con la suya y vive para vengar la muerte de su hermano.

Históricamente, lo foráneo es utilizado para objetificar a la mujer. Hollywood ha sido muy eficiente en esas tareas. Desde Carmen Miranda en los años cuarenta hasta Charo en los setenta, pareciera que siempre hay una triquitraca latina navegando entre las aguas de objeto sexual y objeto de ridículo. Hay algo racial en la ecuación. La escandinava Ingrid Bergman podía pasar por gringa, gracias a su complexión blanca y acento neutral. Pero las latinas quedaban en el ghetto de lo exótico. Aun con los avances que han hecho los hispanos de los EE. UU. para integrarse en la vida cultural y política de ese país, la representatividad en el cine y la TV es modesta. Vergara ha logrado encontrar sutilezas humanas en su larga carrera en Modern Family. Y sabemos por su breve papel en la reciente Chef (Jon Favreau, 2014) que es capaz de actuar como un ser humano funcional. Sin embargo, Dos Locas en Fuga la reduce nuevamente a caricatura.

La manufactura de la película es francamente precaria. La directora Anne Fletcher apenas sabe donde poner su cámara. Las risas son dispersas, usualmente conectadas con destellos de comedia física o la aparición fugaz de algún personaje secundario encarnado por comediantes invitados que simplemente no puede fallar. Por lo demás, Dos Locas… es una pérdida de tiempo y talento. Una espía despistada , todavía en cartelera, acaba de demostrar cómo una comedia puede tener sustancia, subvertir estereotipos y conseguir risas. Vaya a verla. Y si ya la vio, pues vaya a verla de vuelta. Se reirá más que con este lamentable estreno.

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