Antes de que vos nacieras hablé del dios egipcio Toth en un artículo sobre Francisco de Asís Fernández. Fue antes del reciente descubrimiento de las pirámides egipcias en Ticuantepe. Como las pirámides egipcias son eternas ese descubrimiento siempre será reciente.
Tengo que hacerlo de nuevo porque Francisco ha hecho otra trastada, pero mejor porque tiene ahora más experiencia en trastadas. La nueva es su libro Luna mojada. Toth es el dios de las palabras y los antiguos egipcios que sobreviven, que son muchos, creen que para que un objeto exista es necesario que Toth pronuncie previamente la palabra que lo nombra. Si existe un capuchino es porque Toth pronunció antes la palabra capuchino.
Y hoy existen nuevas realidades poéticas porque Francisco las pronuncia en Luna Mojada. Ejemplos:
“Rosa borgoña, que representas la belleza”.
No sabíamos que habían rosas color borgoña, sí teníamos noticias de clítoris borgoña, de naufragios borgoña y recientemente halcones borgoña, pero estas rosas son una invención tropical franciscana.
“Hay que montarse sobre los tañidos de las campanas, hay que galopar sobre una campana”.
Y Francisco inventa caballos de campanadas para galoparlos en el viento. Hay uno para cada quien, son su solución para quienes tienen miedo de volar en aviones.
Descubre una princesa que “podía jugar al escondite alrededor de una rosa” y el misterio es, ¿dónde se esconde? ¿En su perfume, en la primera gota de rocío, en su alma, en su presentimiento de que algún día marchitará?
Y ahí va Francisco sin la paciencia franciscana inventando “culebras como aretes”, “olvidos como pandilleros”, “pecados como mangos” y persiguiendo “el rastro humano de la lluvia íntima”.
“Mucho me quejo”, dice, y no debería porque la vida lo ama gloriosamente, y la Poesía le regala poemas llenos de frutas y animales bajo el agua y sobre la tierra. Ahora le da por tomar coca zero antes de que el sol se meta en los bolsillos de las seis de la tarde.
“A mi edad solo tengo lo que sembré”, dice, frente a sus cosechas inacabables. Su pacto con el Tiempo le permite tener la edad de sus poemas. Parece que escribe, pero en realidad caza poemas. Su cazador poético sale de cacería y no regresa hasta traer un poema tamaño cometa o tamaño atardecer.
Como Francisco es el presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada hay quienes alaban su poesía sin leerla o entenderla. Pero es que de verdad Francisco está escribiendo unos libros güevones, buenos, lúcidos, que se abren paso como búfalos no solo en la poesía nica, sino en la Gran Poesía. Así, el búfalo de los poemas de Francisco entra en la cristalería de la Poesía, en la casa de cristal de la Poesía, y parece que destrozará sus vajillas, pero su estampida es tan precisa, su galope tan elegante y su bramido tan exacto, que atraviesa las asas de las tazas como una exhalación y no rompe nada.
Mi amigo Juan Carlos Abril en el prólogo de Luna mojada dice que Francisco es un heredero de Darío, es un prólogo honesto pero tengo que disentir, porque leo el testamento de Rubén y Francisco no figura. Francisco no es un heredero de nadie, no es un afluente, es un Amazonas. Francisco no estuvo esperando que alguien muriera para crecer a su sombra. Sus poemas no están pastando, están galopando.
Si uno quiere estar donde están los tiros en la Poesía nica actual, si uno quiere llegar hasta donde pastan las ballenas en el lago Cocibolca, si uno quiere sobrevolar Nicaragua en una nave vikinga, tiene que leer Luna mojada. Si uno quiere probar el mejor quesillo poético que se vende en las calles de Managua, si uno quiere ver donde arde la revolución de las palabras, tiene que leer Luna mojada.
En mayo estuve en Managua y no lo fui a visitar, por andar comiendo nacatabesos con una muchacha. Y Francisco y Gloria se enojaron, esta es mi ofrenda de paz.
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