La mañana empezó con ejercicios en el preescolar comunitario Hernán Cruz, en Boaco. El día amaneció lluvioso y los niños han llegado un poco tarde a la casa de su maestra Luz Marina Mora González, donde funciona la escuelita. Los ejercicios terminan y comienza la clase, la que su maestra imparte con mucho ánimo y cariño, pese al poco respaldo económico que le dan sus empleadores.
Mora tiene ocho años de dedicarse a instruir a los niños de su barrio. De momento tiene 14 alumnos divididos en los tres primeros niveles de educación para niños de 3 a 5 años de edad. Ella imparte las clases desde su casa, la cual ha ido equipando con el paso de los años con murales improvisados de números, anatomía y los trabajos de sus alumnos.
“Somos iguales a los preescolares formales. Ahora nos ven como iguales (…) Me buscaron del Mined para dar clases y pues me surgió la vocación ya mayorcita”, comentó sonriente, pero su centro y los formales tienen una diferencia fundamental: el salario, el cual reciben cada dos meses.

LA PRENSA/M.RODRÍGUEZ
Según las maestras comunitarias, este problema con el sueldo inició el año pasado debido a la división de responsabilidades entre el Mined y Mifamilia, puesto que cada ministerio asumió una parte de la planilla. “Cuando solo pertenecíamos al Mined nos pagaban en tiempo y forma”, agregaron.
“Llevamos un programa en coordinación con Mifamilia, que eran fondos obtenidos con el Banco Mundial de ayuda para fortalecer las capacidades de las educadoras, pero estas son coordinaciones interinstitucionales que en su momento el ministerio (Mifamilia) estuvo pagando”, explicó Jareth Obregón, delegado departamental del Mined.
Algunos padres de familia comentaron que los centros comunitarios son mucho más accesibles puesto que se encuentran dentro de sus barrios. “La escuela Angelita Robleto está cerca de aquí, pero los padres prefieren traer aquí (al preescolar comunitario) a sus niños porque está más cerca y es mucho más seguro”, explicó Mora.
LABORES EXTRAS
Las maestras comunitarias reciben una “ayuda económica” de mil córdobas, muchísimo menos del salario actual de un maestro, pese a que estas desempeñan muchas más labores extras.
Ellas deben encargarse del control de las vacunas debido a una disposición del Minsa, también estar actualizadas con los temas de la programación y plan diario de estudios por orientación del Mined. Además, deben realizar visitas mensuales a los hogares de todos sus alumnos para conversar con los padres sobre los progresos y dificultades de sus hijos.
“Si yo no hago ese trabajo a mí no me pagan o me corren y a veces nos pagan casi llegando los tres meses. Si yo voy a una pulpería a fiar no me van a esperar dos meses, yo soy casada, pero imaginate las que son madres solteras”, expresó una maestra que pidió el anonimato.
“Tenemos un problema, la dispersión geográfica del departamento nos obstaculiza pagarle en tiempo y forma a las educadoras, pero estamos haciendo un esfuerzo con el objetivo de garantizar la ayuda en los Tepce. A partir del mes de julio vamos a pagar la ayuda de las maestras comunitarias en los Tepce, esto nos va a permitir no tener atrasos en los pagos de las educadoras, así lo vamos a resolver. Además, este año se va a revisar la ayuda”, argumentó el delegado departamental del Mined.
“Es una ayuda económica de mil córdobas al mes que se entrega cada dos meses, es decir, no me entregan en tiempo y forma, pero ni modo, es por amor y vocación y por amor a los niños, porque hoy en día nadie vive con mil córdobas”.
Luz Marina Mora González, docente del preescolar Hernán Cruz.
Sostuvo que “en líneas generales este ha sido el año que más recursos hemos estado destinando en términos de educación; que tal vez sea insuficiente, te lo puedo aceptar, pero siempre te vas a encontrar gente que te diga que siempre se va a necesitar, que siempre va a ser insuficiente, estamos claros de eso y no solo necesitamos eso, necesitamos mejorar la tecnología en los centros y también estamos trabajando en eso”.
Sin materiales didácticos
María del Mar Aguirre Paz tiene un año de dar clases en el preescolar comunitario Susana Gómez, en el barrio Jorge Smith. Ella se inspiró en su madre para ejercer esta labor y por eso también estudia magisterio. “Yo deseo un aula propia para este centro, ya se ha hablado con la Alcaldía sobre la inquietud, pero no veo respuestas, solo promesas. Esta casa no es mía, no es propia y una vez que yo salga de aquí también mi preescolar, entonces la desventaja es que no estás fijo, no te sentís seguro, aquí no van a estar todas las cosas seguras”, añadió.

LA PRENSA/M.RODRÍGUEZ
Según ella, los padres están apoyando muy poco estos centros de educación, la asistencia está bajando y la desmotivación está creciendo. “Los padres no están apoyando, hay como seis padres responsables, carecemos de material didáctico y si uno carece de materiales se limita de hacer actividades con los niños, desde que inició el año no hay materiales. Uno como educador se decepciona al ver que no hay apoyo”, sostuvo.
Mal remuneradas
100 educadoras comunitarias están en un proceso de profesionalización en Boaco, las cuales posteriormente van a tener un salario.
1,000córdobas es la ayuda mensual de una educadora comunitaria, la cual ha subido 500 córdobas desde el 2008. Un maestro gana alrededor de 6,000 córdobas.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 A