La tendencia opuesta en la reducción del precio al consumidor que experimenta el gas licuado de petróleo frente a las gasolinas y el diesel —siendo todos derivados del petróleo— obedece según Jorge Vicente, analista de la empresa de soluciones Innospec, a la estructura de costo y los márgenes de ganancia que fijan las empresas.
Vicente justifica que la diferencia se basa en que los hidrocarburantes tienen en todo su proceso mayor cantidad de impuestos, contrario al gas licuado que en la mayoría de países recibe subsidio por parte de los gobiernos por su uso popular.
A las gasolinas y diesel el precio lo fija el libre mercado, lo que en la práctica debería asegurar precios más competitivos que los precios regulados, como es el caso del gas licuado en Nicaragua.
AMENAZA PRODUCTIVIDAD
Para el economista Luis Murillo, los precios de los combustibles no solo requieren de supervisión, sino de un análisis más profundo que no vulnere la productividad del país ya que el aumento de su precio afecta a toda la economía.
“En Nicaragua tenemos la gasolina más cara de Centroamérica y ello nos hace menos competitivos porque a los productores deben de gastar más, desde la preparación de la tierra o arado con camiones que requieren de combustibles, como del transporte para movilizar la carga de un punto a otro”, mencionó el economista Murillo.
36%
es la reducción que ha experimentado el precio del tanque de gas licuado de 25 libras en el país entre febrero de 2014 y junio de 2015, según datos oficiales.
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