Perdón es lo que pide Bernardo Guadalupe Sevilla Espino, a familiares y a su esposa, por haber matado de forma atroz, junto con su hermano menor, a su madre Ana María Espino Requenes, de 55 años, a su sobrina Mayra de Carmen Sevilla, de 20 y a la doméstica, Senayda del Rosario Fonseca, de 16 años.
Mientras era llevado al médico forense, Bernardo dijo a LA PRENSA haber planificado cómo acabarían con la vida de su progenitora.
Relató que el plan fue urdido la noche en que cenaron con su mamá y la familia, porque “el chavalo (hermano de 15 años) me dijo que ella (Ana María Espino Requenes) había recibido el dinero de la cancelación de las cinco manzanas que había vendido, me dijo que era un montón de reales”.
Refiere que él salió de su vivienda ubicada en el barrio Manantial, de Acoyapa, a eso de las 10:00 p.m. y su mujer lo vio salir.
“Dije que iba a dar una vuelta, yo iba en la camioneta y en la calle nos encontramos con el chavalo, esperamos en la bahía que se hiciera más noche y como a las 12 fuimos y golpeamos la puerta de la entrada, me abrió la chavalita (su hermanita de 17 años con síndrome de Down), eran como las 12 de la noche y me fui directamente donde mi madre que dormía en el cuarto”.
“Los dos la matamos, primero yo le dije a mi madre que dónde estaba el dinero y ella me dijo que no tenía, no sé qué nos dio por quererla matar, no le dio tiempo de decir nada, el chavalo andaba el machete con vaina roja, después fue a Mayra que estaba acostada en la sala en una tijera y a Senayda que estaba por la refrigeradora”, relata.
También dijo que utilizaron un mecate que encontraron en la casa para estrangular a Mayra y a la doméstica.
Sobre Mayra manifiesta que a ella le guardaba rencor. “Fue como venganza”, asegura, porque él no le hablaba después que su madre le había confiado que ella había participado en el asesinato de su padre Guadalupe Sevilla, en El Almendro.
Dos sobrinos de Ana María guardan prisión por el asesinato de Guadalupe y cuando ocurrió el crimen hijos e hijas de la víctima estuvieron presos.
NO ENCONTRÓ DINERO
Según Bernardo Guadalupe, él solo quería el dinero, “yo no quería tierras porque yo compré sesenta manzanas en Boca de Sábalos y de esas vendí veinte manzanas, así que el dinero que encontró la Policía (170 mil córdobas que encontraron en su casa) es de la venta de esas tierras, porque en la casa de mi madre no robamos, no tenía dinero”, apuntó.
Sobre el papel que fue encontrado en la vivienda donde ocurrió el crimen, en el cual la madre deja su propiedad de doscientas manzanas al hermano menor, Bernardo Guadalupe dijo que “ella no había dicho que se la daría a él, nunca escuché eso, desconozco ese papel”. El hermano menor vivía con su mujer en la finca Santa Martha, que recibió en herencia Ana María.
“No sé qué me dio, cometimos ese error, que me perdonen y si me pueden ayudar para sacarme de aquí, si se puede, me siento afligido de haber cometido ese error, yo tenía una buena relación con mi madre, me siento todo extraño de haber hecho eso”, expresa.
INCRÉDULOS Y CONFUNDIDOS
En la vivienda donde ocurrió la tragedia, las dos hijas de Ana María, el hijo mayor y las esposas de los dos detenidos, dicen sentirse “confundidos” y no creer que ambos hermanos hayan cometido el triple crimen, pues aseguran que eran los ojos de la cara de la madre.
Gregoriana Sevilla, de 36 años, es la madre de Mayra y señala desconocer que Bernardo Guadalupe haya tenido diferencias con su hija. Reconoce que incluso ellas estuvieron detenidas por la muerte de su padre, casi dos años atrás. Según ella, la Policía en el caso del triple crimen cerró las investigaciones culpando a sus hermanos, sin mostrarles las pruebas.
Miriam Zelaya, esposa de Bernardo Guadalupe, asegura que la noche de la tragedia este no salió y a su juicio “los asesinos andan en la calle”.
Mientras que Mayra Acevedo, esposa del hijo mayor de la familia, pide a la Policía los resultados de las huellas y los exámenes de sangre y pregunta si fue investigado un policía que era el novio de Mayra y muchas veces se quedaba a dormir en la vivienda.
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