Everth Cabrera, igual que usted y yo, tiene detalles en su vida de los cuales no está orgulloso. Pero sin duda es más que un joven inmaduro que malgastó su presente y complicó su futuro.
Ha sido también un muchacho ejemplar, que no se detuvo ante pronósticos que le vaticinaban cero opciones de firma, y peor aun, de subir a Grandes Ligas. Pero lo hizo y probó que pertenecía ahí.
No ha sido el jugador que hubiésemos deseado. Nos habría gustado que se volviera figura estelar, que bateara tan bien como fildea y que fuera del estadio mostrara los mismos instintos que enseña al correr.
Cabrera se ha equivocado, igual que cualquiera de nosotros. Primero consumió esteroides, luego marihuana y hasta a prisión llegó. Lo que pasa es que Everth olvidó que es una figura pública.
Al trascender más allá del entorno familiar, el personaje tiene una gran responsabilidad. Se vuelve ejemplo, para bien o para mal. Cabrera se ha puesto del lado equivocado, y para remate, sus acciones han caído.
Pero este es el mismo joven que hace unos meses nos emocionaba con su guante, con su velocidad en las bases y los chispazos de su bate. Y que ganó el liderato de robos y fue al Juego de Estrellas.
El problema es que, como diría Babe Ruth, “los jonrones de ayer, no ayudan a ganar los partidos de hoy”. Se tiene que renovar el valor de sus acciones cada día y Everth falló con los Orioles.
Cabrera llegó a un equipo que jonronea pero no corre. Y como él es tremendo corredor, creí que se haría notar con sus estafas. Pero no robó porque ni se embasó.
Este joven, quien ha saltado muchos obstáculos, está ante un nuevo reto y yo apostaría que podrá salir a flote.
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