Desde que el papa, exarzobispo de Buenos Aires llegó al trono de Pedro mantiene buenas relaciones con Cristina Fernández de Kirchner, al contrario del pasado, marcadas por los roces. LA PRENSA/AFP/ANGELO CARCONI

Una extensa plática

El papa Francisco se reunió ayer con la presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, con la que conversó una hora y 45 minutos.

El papa Francisco se reunió ayer con la presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, con la que conversó una hora y 45 minutos.

“La señora presidenta le quiso manifestar una vez más al santo padre su afecto y la cercanía del pueblo argentino y pedirle la bendición para todos sus compatriotas”, aseguró en una nota el portavoz de Vaticano, padre Federico Lombardi.

Ambos analizaron los problemas que afectan al mundo y a América Latina; la preocupación del papa por la paz internacional y por los numerosos conflictos armados que hay en el mundo y que calificó el sábado de “tercera guerra mundial combatida por partes”. Fue una visita más delicada con respecto a las anteriores, ya que el papa quiere evitar que se utilice el encuentro con fines políticos, debido a que Argentina está en un año electoral. En octubre se elegirá al sucesor de Fernández.

Fernández explicó que juntos trataron “asuntos globales” porque el pontífice “desempeña un rol global” y porque a ella, personalmente, le “gustan mucho los temas internacionales”.

La mandataria llegó con unos pocos minutos de adelanto al encuentro organizado en un sala anexa al auditorio Pablo VI, dentro del Vaticano. Pocos minutos antes había ingresado el papa, quien saludó uno por uno a los periodistas que acompañan a la presidenta, entre ellos a Alicia Barrios, del diario Crónica, con quien el pontífice mantiene una relación de amistad.

“La manito, la manito”, le imploró la presidenta al pontífice argentino en el momento de tomarse una fotografía juntos, según pudieron constatar los periodistas, un pedido que el papa aceptó sin problema.

Cristina Fernández entregó a su compatriota numerosos regalos, entre ellos un cuadro del obispo salvadoreño Óscar Romero (1917-1980), el defensor de los pobres, recientemente beatificado y una canasta con productos típicos argentinos. El pontífice le obsequió un icono de la Virgen de la Ternura del siglo XI.

Al despedirse de los periodistas que acompañan a Fernández, el papa les agradeció por su labor y les pidió: “Recen por mí, y si alguno no puede rezar porque no cree, al menos tírenme buena onda”.

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