Los proyectos de inversión pública serán los primeros afectados con la decisión del Banco Mundial de sacar a Nicaragua de un programa que garantizaba la entrega de donaciones y créditos altamente concesionales, advirtieron ayer economistas, quienes creen que el país no está preparado para optar a créditos comerciales.
Solo el año pasado de los 2,979 millones de córdobas que se ejecutaron en donaciones atadas a programas y proyectos de inversión contenidos en el Presupuesto General de la República, 850.4 millones de córdobas fueron aportados por el Banco Mundial, según refleja el informe de liquidación presupuestario publicado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
El 13 de mayo de este año una misión del Banco Mundial vino a Nicaragua para notificar al Gobierno, según anunció el asesor para asuntos económicos de la Presidencia, Bayardo Arce, que Nicaragua salía de uno de los programas de Asociación Internacional de Fomento, con lo que ya no podrá recibir donaciones y créditos con plazos de hasta cuarenta años en los nuevos programas crediticios que firmen después de 2019.
La razón de esa decisión del BM se origina debido a que el PIB per cápita del país rozará este año los dos mil dólares. “Para estar en ese programa el país debe tener durante tres años seguidos un PIB per cápita menor a 1,215 dólares”, precisó el asesor presidencial. Arce calificó la medida del BM como una “graduación” del país del “club de los (países) miserables”.
Pero más allá de la celebración del Gobierno, ¿cuál será el efecto inmediato de la medida del BM?
El economista Adolfo Acevedo dice que “el servicio de la deuda externa será mucho más alto. Este anuncio servirá también como una señal de que Nicaragua pierde prioridad como receptora de Ayuda Oficial al Desarrollo de la comunidad donante, de manera que con toda probabilidad la tendencia de la cooperación externa a reducirse, se acelerara”.
El problema, según Acevedo, es que el Programa de Inversión Pública (PIP) de Nicaragua tiene una alta dependencia de la cooperación externa, por lo que “seguramente el mismo se resentirá, porque no parece existir voluntad para lograr que el sistema tributario, al transformarse en uno en el que imperen los principios de generalidad y progresividad, logre generar los recursos necesarios para sostener la inversión pública en los niveles que serían requeridos”.
Acevedo recuerda que las asignaciones para el Programa de Inversión Pública en los últimos años se ha venido reduciendo como porcentaje del Producto Interno Bruto, debido fundamentalmente a “la progresiva disminución de los flujos de cooperación externa al sector público como porcentaje del PIB, que habían constituido hasta ahora la fuente de financiamiento más importante del Programa de Inversión Pública”.
En ese sentido, el exfuncionario del Banco Interamericano de Desarrollo, Edmundo Jarquín, dice que al ser más caro el acceso al financiamiento del Banco Mundial, obligará al Gobierno “a ser más riguroso en la selección de los proyectos que se financiarán con esos préstamos”, los nuevos que se contraten después de 2019.
El expresidente del Banco Central de Nicaragua, Mario Arana, dice que si se ve desde el punto financiero, al menos el país ya no tendrá límites para conseguir préstamos en los mercados financieros internacionales e inclusive en el mismo Banco Mundial, lo que le permitiría obtener mayores montos para programas de inversión de mayor envergadura.
Arana reconoce, no obstante, que si bien los préstamos tendrán condiciones más duras, se deberá priorizar la inversión en la infraestructura productiva y educación, para que se obtengan mejores rendimientos que compensen el menor grado de concesionalidad de los créditos.
Además Arana cree que esto presionará al país para mejorar su calificación de inversión, para obtener la nota que necesita y ser sujeto de crédito ante acreedores internacionales.
El también exministro de Hacienda indicó que esa decisión del BM era inminente porque en los últimos años los indicadores macroeconómicos se han mejorado y la tendencia de la cooperación internacional es enfocarse en los países que efectivamente son más pobres que Nicaragua.
En esa misma línea, el diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez, refirió ayer en la Asamblea Nacional que la nueva posición económica de Nicaragua ante el BM “significa que aunque no vamos a tener acceso a recursos de donaciones, sí vamos a continuar teniendo acceso importante y preferente a recursos de préstamos, con plazos de entre 20 y 25 años, con cinco años de gracia y al 1.75 (por ciento) de interés”.
PIB PER CÁPITA ES ESPEJISMO
Una de las razones, según dijo Arce, por la que Nicaragua salió del programa del BM es porque el PIB per cápita está rozando los dos mil dólares, pero ¿cuál es la realidad del ingreso de las familias nicaragüenses?
El economista Acevedo recuerda que “el per cápita o promedio oculta la manera en que está distribuido dicho ingreso”.
Por esa razón, echa una mirada al comportamiento del poder de compra de los trabajadores visto a través del salario real.
En córdobas, el salario real ha pasado de 4,823.9 en 2006 a 4,251.3 el año pasado, aunque en dólares pareciera que se ha incrementado al pasar de 274.5 dólares a 314.6 dólares, explica Acevedo. Esto último ocurre porque “existe sobrevaloración del tipo de cambio, (entonces) las variables medidas en dólares siempre aparecen un tanto infladas”.
El economista recuerda que en “la mayoría de los hogares, cuya fuente de ingresos son empleos precarios e informales y en los que las familias son más numerosas debido a la mayor tasa de fecundidad y a que son más comunes las familias extensas, el ingreso per cápita anual es extremadamente reducido” respecto a la cifra oficial.
En un informe publicado por el mismo Banco Mundial a principios de marzo dijo que el 37 por ciento de la población nicaragüense vivía en pobreza crónica, la tercera tasa más alta en América Latina.
MALAS PRÁCTICAS
El sociólogo Cirilo Otero dijo que el hecho de que Arce haya reconocido que el crecimiento económico “lamentablemente” no ha tenido un efecto generalizado en la población confirma que las políticas económicas están mal encaminadas, lo que implicará que millones de nicaragüenses vivan en pobreza en los próximos cincuenta años.
Otero plantea que si la economía continúa creciendo a tasa del 4.5 por ciento anual, el país tardará unos cincuenta años para sacar a más del cuarenta por ciento de la población de la pobreza, situación empeorada por una mayor restricción de la cooperación internacional no reembolsable.
(Con la colaboración de Leonor Álvarez).
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