El BCN anunció hace un mes que en 2014 la economía se había acelerado en relación a 2013, cuando todos los indicadores apuntaban a una clara desaceleración; pero esta “aceleración” obedeció solo a un efecto estadístico, derivado de la revisión “hacia atrás” de la serie de Cuentas Nacionales con base 2006.
Esta revisión fue de tal envergadura que introdujo cambios drásticos en la propia estructura de la economía, tanto por el lado de la estructura sectorial del PIB como de la demanda agregada.
Por el lado de la estructura sectorial de la producción, de acuerdo con el Anuario Estadístico 2013 el valor agregado de la industria manufacturera había pasado de representar el 13.8 por ciento del PIB en 2006 hasta el 14.4 por ciento en 2013. En contraste, el sector comercio reducía moderadamente su participación desde el 13.5 por ciento del PIB en 2006 hasta el 13.1 por ciento en 2013, implicando que este sector creció a un ritmo promedio anual apenas un poco inferior al del PIB.
Pero en el Anuario Estadístico 2014 aparece modificándose abruptamente, de una manera que no puede calificarse sino de sorprendente, la participación de ambos sectores en el PIB.
En el Anuario Estadístico 2014 ahora es la industria manufacturera la que aparece reduciendo su participación desde el 13.8 por ciento del PIB en 2006 hasta el 13.1 por ciento en 2014, mientras el comercio aparece aumentando la suya, desde el 13.5 por ciento en 2006 hasta el 14.8 por ciento en 2014. También el PIB de la construcción fue revisado a la baja.
La drástica reducción en el peso de la industria manufacturera en el PIB obedeció a la igualmente drástica revisión hacia abajo del valor agregado de las zonas francas debido, ante todo, a la reducción masiva en el valor agregado de la rama textil-vestuario, que ahora aparece derrumbándose en un 24 por ciento, entre 2006 y 2014.
Esta reducción obedeció a un cambio inexplicado en el coeficiente de insumos importados de esta rama que empujó de una manera verdaderamente masiva, hacia abajo, el valor agregado de la misma.
Por el lado de la estructura de la demanda, en el Anuario Estadístico del 2013 la inversión privada aparecía reduciéndose desde el 26 por ciento del PIB en 2006 hasta el 16 por ciento en 2013. Pero ahora, en el Anuario Estadístico de 2014, la inversión privada aparece reduciéndose desde el 26 por ciento del PIB en 2006 hasta el 21 por ciento en 2014. El incremento de la inversión privada se produce en gran parte porque la “revisión” ajustó drásticamente al alza el misterioso rubro “otras inversiones”.
Dado que se decidió no modificar demasiado el PIB global, debieron “comprimirse” hacia abajo otros componentes de la demanda y la víctima seleccionada fue, principalmente, el consumo de las familias, rubro que tras la revisión aparece ejecutando actos acrobáticos inverosímiles.
Si se descubrió que había que hacer revisiones muy importantes en el sistema de Cuentas Nacionales, ello demandaba una revisión meticulosa, exhaustiva y completa, hasta 2006, no hasta 2010. Dada la interrelación entre todos los componentes del sistema, el ajuste apreciable de algunos de gran peso específico, afecta todo lo demás, y por esta razón la revisión debe ser exhaustiva, tequiosa e integral.
Pero se decidió de manera apresurada —la evidencia muestra que el cambio ocurrió a última hora, entre el III y el IV Trimestre de 2014—, ajustar al alza o comprimir a la baja algunos componentes clave del sistema de cuentas nacionales, y puesto que se adoptó la decisión de no cambiar mucho el PIB global, se tuvo que comprimir a la fuerza, o ajustar al alza de cualquier manera, los demás.
El resultado es que el sistema de cuentas nacionales ha quedado inservible para proporcionar una fotografía que pueda considerarse realista y legítima, de nuestro sistema económico.
*Economista
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